
Hay una temporada en la vida en la que nos perturba una extraña sensación de molestia, nada nos satisface y todo nos irrita. Una inquietud en nuestro espíritu nos impide descansar y conciliar el sueño; nos roba la felicidad y nos impide ver el lado hermoso de la vida y aunque tratemos de escapar de esta situación, hay una tristeza en nuestra alma que no se va. La depresión duele de una forma completamente distinta a un malestar físico; este mensaje es para aquellos que se encuentran viviendo un invierno eterno.
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