
Físicamente no podemos ver a Dios, pero espiritualmente sabemos que Él está allí peleando nuestras batallas; Dios abre nuestros ojos espirituales y nos enseña que aunque naturalmente no podamos ver nada, Él está allí obrando a nuestro favor. «Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo», 2 Reyes 6:17.
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