
«Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones», Apocalipsis 22:1-2. Las grandes civilizaciones y ciudades, todas fueron fundadas al lado de un gran río. Hay un río cuyas corrientes alegran la Ciudad de Dios y nuestro Dios mismo habita en ese río. Hoy es un buen día para plantarnos junto al río de Dios.
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