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MUNDO

Pandilleros que controlan Haití afirman estar poseídos por el diablo y usar magia negra: “Ya no somos humanos”

Haití vive una crisis extrema, agravada por la brutalidad de bandas armadas que controlan hasta el 90% de la capital, Puerto Príncipe, y otras regiones clave. Un reciente reportaje de la BBC evidenció el trasfondo ocultista y la deshumanización asumida por algunos líderes pandilleros.

Imagen: La Presse.

Vag, un jefe de banda, declaró ante cámaras en una entrevista con la periodista yemení-británica Nawal Al-Maghafi: “Cuando estamos luchando, estamos poseídos, ya no somos humanos, nos convertimos en el diablo”.

Reconoció cometer asesinatos y usar objetos de víctimas para “comandar espíritus”, mezclando violencia con prácticas de magia negra.

El control de las pandillas ha propiciado el desarraigo masivo de familias, el aumento del abuso sexual y la muerte de más de 4,000 personas solo en el primer semestre de 2025, según la ONU. La vida perdió valor en una sociedad donde secuestros, extorsiones, asesinatos y violaciones ya son cotidianos.

Los lugares antes dedicados al refugio, la educación y el culto cristiano han sido atacados y saqueados, afectando especialmente a comunidades evangélicas y católicas.

Entre las víctimas se cuentan tanto locales como extranjeros, con secuestros y asesinatos de misioneros cristianos, y ataques directos a templos y orfanatos. En mayo de este año, un matrimonio estadounidense y un servidor local murieron en un orfanato atacado por bandas.

La Iglesia y organizaciones cristianas han levantado la voz, clamando por la dignidad de toda persona, el respeto a la vida y por una acción internacional auténtica, no limitada a críticas externas.

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La respuesta internacional aún es insuficiente; Estados Unidos ha elevado a cinco millones de dólares la recompensa por la captura de Jimmy Cherizier, “Barbecue”, el líder pandillero más temido, responsable de delitos atroces y de masacres.

En medio del dolor, líderes cristianos de Haití y República Dominicana insisten en que la reacción global debe ir más allá del señalamiento, promoviendo ayuda concreta, creación de empleo, salud y educación para restaurar la esperanza de un pueblo devastado.

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La realidad de Haití ilustra cómo, al perderse el valor de la vida humana y abrirse a la oscuridad espiritual, las consecuencias son devastadoras para toda sociedad. Los testimonios de violencia, poseídos y autodenominados “diablos” recuerdan cuán lejos puede llegar el ser humano cuando se corta el lazo con Dios y la dignidad del prójimo.

Como creyentes, no dejemos de interceder por Haití, pedir consuelo para las víctimas, protección para los inocentes y arrepentimiento para los opresores. Cristo ofreció verdadera libertad y perdón, y es en esa esperanza en la que confiamos para una restauración futura.

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