Miles de cristianos han tomado las calles en Nigeria luego del brutal ataque que dejó a más de 200 creyentes muertos en Yelewata, estado de Benue, a mediados de junio.
El asalto, perpetrado por militantes islámicos fulani, incluyó incendios de casas durante la noche y muertes atroces con machetes y fuego, incluso contra bebés y ancianos. Testimonios recabados por prensa local y organismos como Christian Solidarity Worldwide describen la operación como un verdadero genocidio dirigido contra la población cristiana.
La protesta más visible fue protagonizada por mujeres y niños desplazados en campos de refugiados, quienes bloquearon la principal autopista Makurdi-Lafia-Abuja. A una sola voz exigieron seguridad y denunciaron la inacción del gobierno federal, que no ha parado la ola de ataques islámicos contra comunidades cristianas.
Entre sus gritos se escuchaban: “Queremos volver a casa; sin seguridad, sin comida”.
El saldo de la violencia es devastador: en los últimos 14 meses han muerto más de 10,000 nigerianos, en su mayoría cristianos, principalmente en estados como Benue, Plateau y Kaduna. Familias desplazadas viven en pobreza extrema y campos improvisados, sufriendo epidemias y carencias mínimas de agua, alimentos y atención médica.
Organizaciones internacionales, como Open Doors y Amnesty International, evidencian que el Estado nigeriano no ha cumplido con las promesas de protección.
El propio Franklin Graham denunció el “perturbador silencio” mundial ante la caza sistemática de cristianos en África y pidió a la Iglesia global levantar la voz, orar y defender a los perseguidos.
El papa y el Departamento de Estado de EE.UU han condenado públicamente la matanza, pero las respuestas han resultado insuficientes frente a la magnitud de la crisis.
Líderes cristianos señalan que, mientras los atentados islámicos reciben poca cobertura mediática y limitada reacción internacional, la Iglesia africana sigue soportando el peso de la persecución por confesar a Cristo.
Mientras una parte del mundo guarda silencio, el testimonio y la fe de estos cristianos desafían a los creyentes a no mirar hacia otro lado y a mantenerse firmes en la oración, proclamando justicia y esperanza en el nombre de Jesús.