La Marcha para Jesús, un movimiento global de oración y adoración pública, reunió a miles de cristianos el sábado 23 de agosto en Belfast, la capital de Irlanda del Norte.
Organizado por la Iglesia de Todas las Naciones, el evento contó con la presencia de más de veinte congregaciones, discursos en vivo y una vibrante música de adoración. La marcha comenzó al mediodía en el Parque Ormeau y recorrió diversas calles hasta llegar al Ayuntamiento de Belfast, donde se realizó una concentración multitudinaria.
El trayecto duró cerca de cincuenta minutos y fue acompañado en todo momento por canciones y alabanzas, creando un ambiente de gozo espiritual.
Los participantes describieron el evento como “icónico” y una oportunidad soñada para ver a tantos creyentes reunidos. Fiona Bennett y Michelle Barden manifestaron su deseo de ver más encuentros similares, resaltando el gozo de compartir con personas “que piensan igual”.
Muchos asistentes destacaron el sentido comunitario y la importancia de tales marchas, especialmente en tiempos de incertidumbre mundial. Uno de ellos, quien viajó desde Moira, declaró: “Es una idea brillante y al final es una comunidad. El mundo tiene maldad, así que debe existir una fuerza igual y opuesta”.
Al finalizar el recorrido en el Ayuntamiento, se celebró un culto dirigido por el músico cristiano Brian Houston y líderes de la Iglesia de Todas las Naciones, con la participación de iglesias evangélicas, la Iglesia de Irlanda, tradicionales metodistas y jóvenes influyentes como Ged Armstrong, quien compartió su testimonio.
La jornada incluyó más de una hora de oración y alabanzas, intercesión por temas políticos, personas en situación de calle, lucha contra la drogadicción y plegarias por la paz global, especialmente en Oriente Medio.
John Ahern, pastor en Dublín, agradeció la unión entre creyentes del norte y sur de Irlanda, subrayando el espíritu pacífico y festivo del evento. Los organizadores describieron la marcha como apolítica y familiar, resaltando que la fe cristiana se mostró de forma inclusiva y positiva.
En una región históricamente dividida, la Marcha para Jesús se convirtió en símbolo de unidad, demostrando el poder sanador y reconciliador de la fe pública. Para muchos, esta experiencia fue fortalecedora y esperanzadora.
La Marcha para Jesús en cada nación del mundo inspira a buscar la unidad y orar por la paz en medio de las diferencias, aquella que solo proviene de Jesucristo.