Desde el 1 de julio hasta el 2 de agosto de 2025, miles de cristianos de diferentes denominaciones inundaron todo Tennessee en una histórica campaña de treinta días de oración y ayuno, conocida como Pray4TN.
La iniciativa, respaldada legalmente por la resolución HJR 51 y firmada por el gobernador Bill Lee, reunió al pueblo de Dios con un mismo clamor: “Nuestra esperanza está solo en Jesús”.
Impulsada por los legisladores estatales Monty Fritts y Mark Pody, la resolución convirtió julio en el “mes oficial de oración y ayuno” en todo el estado. El llamado fue claro: orar por los líderes del gobierno, humillarse, confesar pecados personales y colectivos, y pedir misericordia a Dios para la familia, las ciudades y la nación.
Más de 250 líderes de condado facilitaron eventos y asambleas en los 95 tribunales del estado, con la lectura pública de la resolución, estudios bíblicos y cantos de adoración.
Las autoridades y organizadores subrayaron la profundidad de los desafíos que enfrenta Tennessee: adicción al fentanilo, familias rotas, criminalidad y corrupción. “No hay ley ni político que pueda sanar nuestros problemas sin arrepentimiento. Nuestra esperanza está en Jesucristo”
, declararon los responsables de Pray4TN.El legislador Fritts enfatizó: “Estos no son problemas que se puedan resolver solo con legislación o presupuestos; son crisis del corazón humano”.
La cobertura del evento fue masiva, alcanzando reuniones numerosas en cada condado y reuniendo incluso a delegaciones que viajaron desde otros estados y países para sumarse en oración.
El reverendo Dr. Robbie Dale Glover, llegado desde Israel, moderó actos de intercesión y animó a la comunidad a “tocar el corazón del Padre para la sanidad de la tierra”.
El evento movilizó a iglesias, funcionarios, líderes sociales y familias, consolidando un inédito movimiento de unidad espiritual y búsqueda del bien común, basado en la fe cristiana y el testimonio público del Evangelio.
Pray4TN ha motivado a creyentes en otros estados a considerar el poder transformador de la oración pública y la intercesión ante desafíos sociales que trascienden la política o la economía.
Cuando el pueblo de Dios se humilla y ora, el impacto puede ser contundente en la cultura y la vida diaria.