Colosenses 2:6 (RV1960)Detente un momento y considera tus pasos. ¿Hacia dónde te llevan? Has recorrido un sendero lleno de desafíos, de momentos altos y bajos, pero hay una verdad inamovible: estás aquí, caminando, en movimiento. ¿Alguna vez has mirado con desdén esos zapatos desgastados, símbolo de tus recorridos, de tus esfuerzos y de tu acción?
Conozco tu esfuerzo. Ahora, déjame contarte la historia de Elías. Caminó durante cuarenta días y cuarenta noches, con el calor quemándole y el sol cayendo con implacable fuerza. Imagina las llagas, la sed y el cansancio que invadieron su cuerpo; cada paso que Elías daba, acercándose a ese encuentro con Dios en el monte Horeb, marcaba la obra gloriosa que el Señor iba a demostrar.
En nuestra vida cristiana, cada tropiezo, cada zapatilla rota, es una señal de que avanzas, de que perseveras, de que no te quedas inmóvil ante los problemas que el mundo y la maldad colocan en tu camino. Puede que sientas cansancio, y puede que a veces veas tu «calzado espiritual» rasgado, pero la bendición y la promesa radican en el movimiento. Jesús nos dice: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Mateo 11:28. Esta es una promesa de Dios para reabastecerte, para darte la fuerza que necesitas, esa que está grabada en tu corazón; conéctate con Él, acércate confiadamente.
Ahora bien, quizás te preguntes: ¿por qué estos zapatos desgastados importan tanto en mi vida? Bueno, estos son los rastros visibles de que tu fe es saludable; son testigos mudos de las batallas que has librado, del trabajo que has emprendido en el Señor y de cómo el amor y la misericordia de Dios no son en vano. Además, esa conexión directa que hay en tus actos se ve en la vida de Abraham, quien obedeció incondicionalmente al Señor dejando su hogar sin saber su destino. Por el camino le fueron apareciendo adversidades y, a través de él, Dios mostró milagros. De la misma manera, hoy Dios te dice: «Ve en esa dirección, hay recompensas y bendiciones; a lo mejor ahora no lo ves con claridad, pero hazlo». Recuerda que la Palabra dice:
Por ende, este no es el momento de permanecer inmóvil por dudas o por tu incapacidad humana. Al contrario, es el tiempo de retomar tus pasos; recuerda lo que se te encomendó. Deja tus miedos atrás, refréscate en su Palabra, vuelve a empezar las veces que sea necesario y afiánzate en su verdad. No permitas que el temor paralice tu fe; en cambio, usa tus nuevas zapatillas y declara que has recibido el aliento que proviene de arriba.
Recibe con gozo esas «sandalias espirituales nuevas» que el cielo te envía con cada amanecer y abraza la seguridad de que tienes poder para caminar con su fuerza. Recuerda su llamado y lo que ha hecho en tu vida.
Tú decides. Tus pasos marcarán la diferencia: te harán avanzar o te dejarán atrás. Recibiste a Cristo no solo para declararte cristiano de forma pasiva, ¡el propósito es vivir en Él y andar con Cristo todos los días! Que todo tu ser vibre en alabanzas a su nombre. Deja de preocuparte por los «zapatos desgastados», pues cada «pisada» demuestra que Él está en control. Hoy te dice:
Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él.Colosenses 2:6
Deja que tu andar sea un testimonio de su obra, de su gracia y de su poder. Y recuerda:
El justo anda en su integridad; bienaventurados serán sus hijos después de él.
Proverbios 20:7
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Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él;
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Ver CapítuloHan recibido a Cristo Jesús como el Señor; tomen, pues, su camino.
Ver CapítuloPor tanto, de la manera que recibisteis al Señor Jesús, el Mesías, vivid en Él,
Ver CapítuloAsí pues, vivid en el Señor, Cristo Jesús, tal como lo habéis recibido,
Ver CapítuloPor tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en Él;
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