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Isaías 41:2 - Nueva Biblia Española (1975)

2 ¿Quién lo ha suscitado en oriente y convoca la victoria a su paso, le entrega los pueblos, le somete los reyes? Su espada los tritura y su arco los dispersa como paja;

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Higit pang mga bersyon

Biblia Reina Valera 1960

2 ¿Quién despertó del oriente al justo, lo llamó para que le siguiese, entregó delante de él naciones, y le hizo enseñorear de reyes; los entregó a su espada como polvo, como hojarasca que su arco arrebata?

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Biblia Nueva Traducción Viviente

2 »¿Quién ha incitado a ese rey del oriente, llamándolo en justicia para el servicio de Dios? ¿Quién le da victoria a ese hombre sobre muchas naciones y permite que pisotee a los reyes? Con su espada, reduce a polvo a los ejércitos y con su arco los esparce como la paja ante el viento.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

2 ¿Quién ha mandado desde el Oriente a aquel que se topa con la victoria a cada paso? ¿Quién le entrega las naciones y le somete los reyes? Su espada los convierte en polvo y las flechas de su arco los dispersan como paja.

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La Biblia Textual 3a Edicion

2 ¿Quién lo° ha levantado de oriente, y le convoca la victoria a su paso, Y le entrega pueblos, y le somete reyes? Los dio como polvo a su espada, y como hojarasca arrebatada a su arco.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

2 ¿Quién suscitó del Oriente a aquel a quien la victoria le sale al paso, le entrega naciones para que a reyes impere? Los reduce a polvo su espada, a tamo fugitivo su arco.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

2 ¿Quién despertó del oriente al justo, lo llamó para que le siguiese, entregó delante de él naciones, y lo hizo señorear sobre reyes; los entregó a su espada como polvo, y a su arco como paja arrebatada?

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Isaías 41:2
22 Mga Krus na Reperensya  

Téraj tomó a Abrán, su hijo; a Lot, su nieto, hijo de Harán; a Saray, su nuera, mujer de su hijo Abrán, y con ellos salió de Ur de los Caldeos en dirección a Canaán; llegado a Jarán, se estableció allí.


Cuando Abrán tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo: Yo soy Dios Todopoderoso. Procede de acuerdo conmigo y sé honrado,


Los reduje a polvo de la tierra, los desmenucé como barro de la calle.


Por eso el Señor no le dejó a Joacaz más que cincuenta jinetes, diez carros y diez mil soldados de infantería; el rey de Siria los había destrozado y reducido a polvo de la trilla.


Ciro, rey de Persia, decreta: El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra y me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá. Todos los de ese pueblo que viven entre nosotros pueden volver. Y que el Señor, su Dios, esté con ellos'.


Ciro, rey de Persia, decreta: El Señor, Dios del cielo, me ha entregado todos los reinos de la tierra y me ha encargado construirle un templo en Jerusalén de Judá.


apenas plantados, apenas sembrados, apenas arraigan sus brotes en tierra, sopla sobre ellos y se agostan, y el vendaval los arrebata como tamo.


Yo lo he suscitado en el norte, y ha venido; en oriente lo llamo por su nombre'; pisará gobernantes como barro, como pisa el alfarero la arcilla.


los persigue y avanza seguro por sendas que sus pies no hollaban.


Yo, el Señor, te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.


Así dice el Señor a su ungido Ciro, a quien lleva de la mano: Doblegaré ante él naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán.


Yo lo he suscitado para la victoria y allanaré todos sus caminos: él reconstruirá mi ciudad, libertará a mis deportados sin precio ni soborno -dice el Señor de los ejércitos-.


Llamo al buitre de oriente, de tierra lejana al hombre de mi designio.


Yo, yo mismo he hablado y lo he llamado, lo he traído y he dado éxito a su empresa.


El Señor desbarató a mis capitanes en medio de mí; hizo leva contra mí para triturar a mis soldados; el Señor pisó en el lagar a la doncella, capital de Judá.


Este Melquisedec, rey de Salem, Sacerdote de Dios Altísimo, se encontró con Abrahán que volvía de derrotar a los reyes; lo bendijo,


El sexto derramó su copa sobre el gran río, el Eufrates, y se quedó seco, dejando preparado el camino a los reyes que vienen del Oriente.


Vi después otro ángel que subía del Oriente llevando el sello de Dios vivo. Con un grito potente dijo a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar:


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