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Mateo 7:21 - Biblia Pablo Besson (Nuevo Testamento)

21 No todo el que me dice: ¡Señor!, ¡Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

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Biblia Reina Valera 1960

21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

21 »No todo el que me llama: “¡Señor, Señor!” entrará en el reino del cielo. Solo entrarán aquellos que verdaderamente hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

21 No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo.

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La Biblia Textual 3a Edicion

21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

21 No todo el que me dice: '¡Señor, Señor!', entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino del cielo, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

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Mateo 7:21
49 Mga Krus na Reperensya  

Pues todo el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos, es mi hermano y hermana y madre.


Y le respondió Jesús: Buenaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne y sangre, sino mi Padre que está en los cielos.


Mirad que no despreciéis a uno solo de estos pequeñuelos, porque os digo que sus ángeles en los cielos siempre contemplan la persona de mi Padre que está en los cielos.


De nuevo os digo que si dos de vosotros se convinieren en la tierra sobre cualquier asunto que pidieren, les será hecho de parte de mi Padre que está en los cielos.


y dijo: En verdad os digo que si no os volviereis y viniereis a ser como los párvulos, no entraréis en el reino de los cielos.


Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonareis de todo corazón, cada uno a su hermano.


Mas fácil es que un camello pase por un ojo de aguja que un rico entre en el reino de los cielos.


Mientras que ellas iban a comprar, vino el esposo; y las prontas entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta.


Díjole su señor: Bien, siervo bueno y fiel; sobre poco eras fiel; sobre mucho te pondré, entra en el gozo de tu señor.


Y adelantándose un poco, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz. Mas no como yo quiero, sino como tú.


De nuevo, otra vez se fué y oró, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí este cáliz, sin que lo beba, hágase tu voluntad.


porque el que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano y hermana y madre. A


Y si tu ojo te hace tropezar, sácalo; te es mejor entrar con un solo ojo en el reino de Dios, que teniendo dos ojos ser echado a la gehena del fuego,


Mas él dijo: Antes, bendecidos los que oyen la palabra de Dios y la guardan.


Después que fuese despertado el dueño de casa y cerrare la puerta, comenzaréis a estar fuera y a golpear a la puerta, diciendo: ¡Señor! ¡Señor! ábrenos, respondiendo él os dirá: No sé de dónde sois.


Más fácil es a un camello entrar por un ojo de aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.


¿Por qué me llamáis: ¡Señor!, ¡Señor! y no hacéis lo que digo?


Si me hubierais conocido, también a mi Padre conoceríais, y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.


El que me aborrece, aborrece, también a mi Padre.


Respondió Jesús: En verdad, en verdad te digo: si uno no fuese engendrado de agua y espíritu no puede entrar en el reino de Dios.


Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo también obro.


Esta es la voluntad del que me envió, que todo el que contempla al hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo le levantaré en el día postrero.


Si alguno quisiere hacer la voluntad de él, sabrá si mi enseñanza es de Dios, o si yo de por mí mismo hablo.


afirmando las almas de los discípulos, y exhortándolos a permanecer en la fe y que a través de muchas aflicciones, es menester que entremos en el reino de Dios.


y no os conforméis a este siglo, mas transformaos por la renovación de vuestra mente, de suerte que probéis cuál es la voluntad de Dios, que es buena y agradable y perfecta.


porque no son los oidores de ley que son justos para Dios, mas los hacedores de ley serán justificados,


no al ojo, como agradando a hombre sino como siervos de Cristo; haciendo de ánimo, la voluntad de Dios,


Os saluda Epafras, uno de vosotros, siervo del Cristo, siempre luchando por vosotros en las oraciones para que estéis perfectos y cumplidos en toda voluntad de Dios.


Esta, pues, es la voluntad de Dios, vuestra santificación: el absteneros de la fornicación,


en todo dad gracias, porque esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús para vosotros.


Profesan conocer a Dios, mas con los hechos lo niegan, siendo abominables, rebeldes, e ineptos para toda obra buena.


os haga aptos en todo bien para hacer la voluntad de él, haciendo en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesu-Cristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


Luego puesto que resta que algunos entren en él y que aquellos a quienes primeramente fué anunciado no entraron a causa de la incredulidad,


Pero sed hacedores de la palabra, y no oidores solamente, engañándoos a vosotros mismos,


Porque así es la voluntad de Dios que obrando bien hagáis callar la ignorancia de los hombre insensatos;


para ya no vivir a la concupiscencia humana, sino a la voluntad de Dios, el tiempo restante de vivir en carne. (Rom. 6:7.)


y las gobernará, con vara de fierro, como los vasos del alfarero los quebrantará, como yo también la he recibido de mi Padre tal potestad!


Bienaventurados los que guardan los mandamientos de él, para que tengan derecho sobre el árbol de la vida y entren por las puertas en la ciudad.


El que venciere así será cubierto de vestidos blancos, y no borraré su nombre del libro de la vida (Dan. 12:1), y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles (Mat. 10:32).


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