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1 Tesalonicenses 1:10 - Biblia Pablo Besson (Nuevo Testamento)

10 y esperar de los cielos a su hijo que él despertó de entre los muertos, a Jesús que nos libra de la ira venidera.

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Higit pang mga bersyon

Biblia Reina Valera 1960

10 y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

10 También comentan cómo ustedes esperan con ansias la venida, desde el cielo, del Hijo de Dios, Jesús, a quien Dios levantó de los muertos. Él es quien nos rescató de los horrores del juicio venidero.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

10 esperando que venga del cielo el que nos libera del juicio que se acerca: éste es Jesús, su Hijo, al que resucitó de entre los muertos.

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La Biblia Textual 3a Edicion

10 y aguardar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos; a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

10 y para esperar la vuelta del cielo de su Hijo, a quien resucitó de entre los muertos, a Jesús, que nos libra de la ira venidera.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

10 y esperar del cielo a su Hijo, al cual resucitó de los muertos; a Jesús, el cual nos libró de la ira que ha de venir.

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1 Tesalonicenses 1:10
46 Mga Krus na Reperensya  

Dará a luz un hijo, y llamarás el nombre de él, Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados de ellos. (Sal. 130:8).


'Porque ha de venir el hijo del hombre en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces retribuirá a cada uno según su modo de obrar.


En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto al hijo del hombre viniendo en su reinado.


Mas viendo a muchos de los fariseos y saduceos venir a su bautismo, les dijo: Crías de víboras, ¿quién os insinuó a huir de la ira venidera?


He aquí, había en Jerusalem un hombre cuyo nombre era Simeón, este hombre era justo y piadoso, aguardando la consolación de Israel, y espíritu santo era sobre él.


Decía, pues, a las multitudes que salían a ser bautizadas por él: Raza de víboras, ¿quién os insinuó a huir de la ira venidera?


los cuales también les dijeron: ¡Varones galileos! ¿por qué estáis mirando al cielo? Este Jesús que fué llevado de vosotros al cielo, así vendrá, del modo que lo contemplasteis yéndose al cielo.


Por tanto él fijó un día en que debe juzgar al mundo con justicia por un varón a quien designó dando fe a todos, levantándole de los muertos.


al cual Dios levantó librándolo de la muerte por cuanto no era posible ser él retenido por ella.


A este Jesús levantó el Dios, del cual todos nosotros somos testigos.


y matasteis al príncipe de la vida al cual Dios despertó de entre muertos, de lo cual nosotros somos testigos,


al cual es menester que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todo cuanto habló Dios por boca de sus santos profetas que fueron desde la antigüedad.


sea notorio a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesu-Cristo, el nazareno, a quien vosotros crucificasteis, a quien Dios despertó de entre los muertos, en este nombre se ha presentado aquél delante de vosotros, sano.


declarado hijo de Dios con poder, según el espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, Jesu-Cristo nuestro Señor,


a los que con perseverancia en obra buena buscan gloria, honra e incorruptibilidad, vida eterna,


el cual fué entregado por nuestras faltas y despertado por nuestra justificación


¿Quién es el que condena? Cristo, el que murió, más bien que fué despertado de entre los muertos, que está a la diestra de Dios, que también intercede por nosotros.


de manera que vosotros no sois privados de ningún don, aguardando la revelación de nuestro Señor Jesu-Cristo,


Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, hecho por nosotros maldición, porque está escrito (Deut. 21:23): Maldito todo hombre colgado al madero,


Nosotros, en efecto, tenemos en. los cielos la ciudadanía de donde también aguardamos por salvador al Señor Jesu-Cristo


y él es la cabeza del cuerpo, de la iglesia, el que es principio, primogénito de entre los muertos para que en todo él tenga el primado;


de tal manera que vosotros vinisteis a ser modelos a todos los creyentes en la Macedonia y en la Acaya.


impidiéndonos hablar a los gentiles, con el fin de que sean salvados, para colmar en todo tiempo la medida de sus pecados, pero vino sobre ellos la ira al fin.


más bien nos hicimos infantes en medio de vosotros, como una madre que cría a sus hijos,


porque no nos puso Dios para ira, sino para posesión de la salvación por nuestro Señor Jesu-Cristo


Te conjuro delante de Dios y del Señor Jesu-Cristo que ha de juzgar a vivientes y muertos en su manifestación y su reinado,


aguardando la bienaventurada esperanza y manifestación de la gloria del gran Dios, y de nuestro salvador Jesu-Cristo


sino terrible expectación de juicio y ardor de fuego que ha de devorar a los contrarios.


así también el Cristo, una sola vez ofrecido para llevar los pecados de muchos, por segunda vez sin pecado será visto por los que lo aguardan para salvación.


los que por él creéis en Dios que lo despertó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y esperanza sean en Dios.


Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesu-Cristo que, según su grande misericordia, nos regeneró en esperanza viva por la resurrección de Jesu-Cristo de entre los muertos,


Para eso pues fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas,


Porque también Cristo una vez por los pecados padeció justo por injustos, para que nos introdujese a Dios, muerto en carne, vivificado en espíritu


esperando y apresurando la presencia del día de Dios, por el cual los cielos, siendo encendidos, serán disueltos, y los elementos consumados se fundirán?


Por eso, amados, aguardando estas cosas, procurad ser hallados por él inmaculados e irreprensibles en paz,


y el viviente, y fui muerto; y he aquí soy viviente por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno (Is. 22:22; Mt. 16:18).


He aquí El viene con las nubes (Dan. 7:13). Le verá todo ojo, y aquellos que lo traspasaron, y se golpearán los pechos por él todas las tribus de la tierra (Zac. 12:10-14). Así es. Amén.


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