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Apocalipsis 9 - Biblia Pablo Besson (Nuevo Testamento)

1 Y el quinto ángel tocó la trompeta; y vi un astro que cayó del cielo en la tierra, y fuéle dada la llave del pozo del abismo.

2 Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de gran horno, y fué oscurecido el sol y el aire, del humo del pozo,

3 y del humo salieron langostas en la tierra y fuéles dada potestad como la que tienen los escorpiones de la tierra.

4 Y fuéles dicho que no hiciesen daño a la hierba de la tierra, ni a ninguna verdura, ni a ningún árbol, sino a los hombres que no tienen en sus frentes el sello de Dios.

5 Y fuéles dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses. Y su tormento es como tormento de escorpión cuando pica al hombre.

6 Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, y no la hallarán, y desearán morir, y la muerte huirá de ellos.

7 Y las semblanzas de las langostas son semejantes a caballos aparejados para la guerra; y sobre sus cabezas como coronas semejantes a oro, y sus caras como caras de hombres,

8 y tenían cabellos como cabellos de mujeres, y los dientes de ellos eran como de leones,

9 y tenían corazas como corazas de hierro, y el estruendo de sus alas como estruendo de carros de muchos caballos que corren a la batalla,

10 y tienen colas semejantes a escorpiones, y aguijones; y en sus colas el poder de ellas era de hacer daño a los hombres, cinco meses.

11 Y tienen sobre sí por rey al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abaddon, y en la griega tiene por nombre Apolyon (destructor).

12 El primer Ay pasó y he aquí vienen todavía dos Ayes después de estas cosas.

13 Y el sexto ángel tocó la trompeta; y oí una voz de los cuatro cuernos del altar de oro que está delante de Dios,

14 diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Suelta a los cuatro ángeles que están atados en el gran río Eufrates.

15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que están aparejados para la hora y el día y el mes y el año, para que maten la tercera parte de los hombres.

16 Y el número de las huestes de la caballería era de doscientos millones. Y oí el número de ellos.

17 Y así vi a los caballos en la visión, y los que están sentados en ellos teniendo corazas de color de fuego y de jacinto y de azufre. Y las cabezas de los caballos como cabezas de leones, y de la boca de ellos sale fuego y humo y azufre.

18 De estas tres plagas fué matada la tercera parte de los hombres por el fuego, el humo y el azufre que sale de las bocas de ellos;

19 porque la potencia de los caballos está en su boca y en sus colas. En efecto, sus colas son semejantes a serpientes, teniendo cabezas, y por ellas hacen daño-

20 Y los que quedan de los hombres que no fueron muertos con estas plagas no se arrepintieron de las obras de sus manos para que no adorasen a los demonios y a los ídolos de oro y de plata y de bronce y de piedra y de madera, que no pueden ver ni oír, ni andar,

21 y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.

Nuevo Testamento de Pablo Besson

Copyright © Edición Conmemorativa 1981, Asociación Bautista Argentina de Publicaciones.

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