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Salmos 78 - Biblia Reina Valera Gómez (2023)

1 Masquil de Asaf Escucha, pueblo mío, mi ley; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.

2 En parábolas abriré mi boca; hablaré enigmas de la antigüedad:

3 Las cuales hemos oído y conocido, y nuestros padres nos las contaron.

4 No las ocultaremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su fortaleza, y las obras maravillosas que Él ha hecho.

5 Porque Él estableció un testimonio en Jacob, y puso una ley en Israel; la cual mandó a nuestros padres que la enseñasen a sus hijos;

6 Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; los cuales se levantarán y lo contarán a sus hijos;

7 A fin de que pongan en Dios su esperanza, y no se olviden de las obras de Dios, sino que guarden sus mandamientos;

8 y no sean como sus padres, una generación contumaz y rebelde; una generación que no dispuso su corazón, y cuyo espíritu no fue fiel para con Dios.

9 Los hijos de Efraín, arqueros armados, volvieron las espaldas el día de la batalla.

10 No guardaron el pacto de Dios, ni quisieron andar en su ley:

11 Antes se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado.

12 Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.

13 Dividió el mar y los hizo pasar; detuvo las aguas como en un montón.

14 Y los guió de día con nube, y toda la noche con resplandor de fuego.

15 Partió las rocas en el desierto; y les dio a beber como de grandes abismos;

16 Sacó corrientes de la roca, e hizo descender aguas como ríos.

17 Pero aún siguieron pecando contra Él, provocando al Altísimo en el desierto.

18 Pues tentaron a Dios en su corazón, pidiendo comida a su gusto.

19 Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá Dios poner mesa en el desierto?

20 He aquí, Él hirió la roca, y brotaron las aguas, y las corrientes se desbordaron; ¿podrá también dar pan? ¿Podrá proveer carne para su pueblo?

21 Por tanto, oyó Jehová, y se indignó: y se encendió el fuego contra Jacob, y el furor subió también contra Israel;

22 Por cuanto no creyeron a Dios, ni confiaron en su salvación:

23 A pesar de ello, mandó a las nubes de arriba, y abrió las puertas del cielo,

24 e hizo llover sobre ellos maná para comer, y les dio trigo del cielo.

25 Pan de ángeles comió el hombre: Les envió comida hasta saciarles.

26 Hizo soplar en el cielo el viento del este, y trajo con su poder el viento del sur.

27 E hizo llover sobre ellos carne como polvo, y aves de alas como la arena del mar.

28 Las hizo caer en medio de su campamento, alrededor de sus tiendas.

29 Y comieron, y se saciaron mucho; les cumplió, pues, su deseo.

30 No habían quitado de sí su deseo, aún estaba la comida en su boca,

31 cuando vino sobre ellos el furor de Dios, y mató a los más robustos de ellos, y derribó a los escogidos de Israel.

32 Con todo esto, pecaron aún, y no creyeron en sus obras maravillosas.

33 Por tanto, consumió sus días en vanidad, y sus años en tribulación.

34 Cuando los hería de muerte, entonces le buscaban; entonces se volvían solícitos en busca de Dios.

35 Y se acordaban que Dios era su Roca; y el Dios Altísimo su Redentor.

36 Pero le lisonjeaban con su boca, y con su lengua le mentían:

37 Pues sus corazones no eran rectos para con Él, ni estuvieron firmes en su pacto.

38 Pero Él, lleno de compasión, perdonaba su iniquidad y no los destruía; muchas veces apartó su ira, y no despertó todo su enojo.

39 Se acordaba de que eran carne; un soplo que pasa y no vuelve.

40 ¡Cuántas veces lo provocaron en la soledad, lo enojaron en el desierto!

41 Y volvían y tentaban a Dios, y ponían límite al Santo de Israel.

42 No se acordaron de su mano, del día que los redimió del enemigo;

43 cuando hizo sus señales en Egipto, y sus maravillas en el campo de Zoán;

44 y convirtió sus ríos en sangre, y sus corrientes, para que no bebiesen.

45 Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban, y ranas que los destruyeron.

46 Dio también al pulgón sus frutos, y sus labores a la langosta.

47 Sus viñas destruyó con granizo, y sus higuerales con escarcha;

48 Y entregó al granizo sus ganados, y a los rayos sus rebaños.

49 Envió sobre ellos el furor de su ira, enojo, indignación y angustia, enviándoles ángeles destructores.

50 Dispuso un camino para su ira; no eximió el alma de ellos de la muerte, sino que entregó sus vidas a la mortandad.

51 E hizo morir a todo primogénito en Egipto, las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam.

52 Pero hizo salir a su pueblo como ovejas, y los condujo por el desierto, como a un rebaño.

53 Y los guió con seguridad, de modo que no tuvieran miedo; pero el mar cubrió a sus enemigos.

54 Y los trajo a los términos de su santuario, a esta montaña que compró su diestra.

55 Y echó a las naciones de delante de ellos, y con cuerdas las repartió por herencia; e hizo habitar en sus tiendas a las tribus de Israel.

56 Pero ellos tentaron y provocaron al Dios Altísimo, y no guardaron sus testimonios;

57 Sino que se volvieron, y se rebelaron como sus padres: Se volvieron como arco engañoso.

58 Y lo enojaron con sus lugares altos, y lo provocaron a celo con sus esculturas.

59 Lo oyó Dios, y se enojó, y en gran manera aborreció a Israel.

60 Dejó por tanto el tabernáculo de Silo, la tienda que levantó entre los hombres;

61 Y entregó al cautiverio su poderío, y su gloria en mano del enemigo.

62 Entregó también su pueblo a la espada, y se indignó contra su heredad.

63 El fuego devoró a sus jóvenes, y sus vírgenes no fueron dadas en casamiento.

64 Sus sacerdotes cayeron a espada, y sus viudas no hicieron lamentación.

65 Entonces despertó el Señor como de un sueño, como un valiente que grita excitado por el vino:

66 E hirió a sus enemigos en las partes posteriores; les dio afrenta perpetua.

67 Y desechó el tabernáculo de José, y no escogió a la tribu de Efraín.

68 Sino que escogió a la tribu de Judá, al monte de Sión, al cual amó.

69 Y edificó su santuario como altos palacios, como la tierra que estableció para siempre.

70 Y eligió a David su siervo, y lo tomó de las majadas de las ovejas.

71 De tras las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob, su pueblo, y a Israel, su heredad.

72 Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón; y los guió con la destreza de sus manos.

Reina Valera Gomez (2010)

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