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Juan 12:32 - Biblia Version Moderna (1929)

32 Y yo, si fuere levantado en alto de sobre la tierra, a todos los atraeré a mí mismo.

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Περισσότερες εκδόσεις

Biblia Reina Valera 1960

32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

32 Y, cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí».

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Biblia Católica (Latinoamericana)

32 y yo, cuando haya sido levantado de la tierra, atraeré a todos a mí.

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La Biblia Textual 3a Edicion

32 Y Yo, cuando sea levantado en alto de sobre la tierra, a todos atraeré a mí mismo.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

32 Y cuando a mí me levanten de la tierra en alto, atraeré a todos hacia mí.'

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.

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Juan 12:32
23 Σταυροειδείς Αναφορές  

Por fin encontróse Absalom con los siervos de David. Y Absalom iba montado en un mulo; y pasando el mulo por debajo del ramaje de un gran roble, se le prendió fuertemente la cabeza en el roble; y él quedó suspendido entre el cielo y la tierra; y el mulo que tenía debajo de sí, pasó adelante.


¡Atráeme! ¡correremos en pos de ti! ¡Me ha conducido el Rey dentro de sus recámaras! ¡Nos alegraremos y nos regocijaremos en ti; nos acordaremos de tus caricias más que del vino: con justísima causa te aman!


En aquel día, pues, habrá un Renuevo de la raíz de Isaí, que se presentará como bandera a los pueblos, y a él acudirán las naciones: y será glorioso su descanso.


sí, él me ha dicho: Es cosa muy liviana que seas tú mi Siervo, a fin de que vuelvas a levantar las tribus de Jacob, y hagas volver los preservados de Israel; pues yo te pondré por luz de las naciones, para que alcance mi salvación hasta los fines de la tierra.


Con cuerdas humanas los traje a mí, con vínculos de amor; y era para con ellos como los que alzan el yugo de sobre su quijada; y puse el alimento delante de ellos.


Hizo pues Moisés una serpiente de bronce, y la puso sobre un palo alto; y sucedió que cuando una serpiente había mordido a alguno entonces miraba a la serpiente de bronce y vivía.


Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por medio de él.


El pueblo, pues, le respondió: Hemos sabido por la ley, que el Cristo permanece eternamente: ¿y cómo dices tú: Es menester que el Hijo del hombre sea levantado en alto? ¿Quién es este Hijo del hombre?


para que se cumpliera la palabra que Jesús había dicho, significando de qué género de muerte él había de morir.


Y él, llevando la cruz, salió a un lugar llamado de la Calavera, que se dice en hebreo, Gólgota;


Y de la manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, asimismo es necesario que sea levantado en alto el Hijo del hombre;


Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere: y yo le resucitaré en el día postrero.


Jesús, entonces, les dijo: Cuando hayáis levantado en alto al Hijo del hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que no hago nada de mí mismo, mas digo estas cosas, según me enseñó el Padre.


Cristo empero nos redimió de la maldición de la ley, cuando fué hecho maldición por nosotros; (pues que está escrito: Maldito es todo aquel que es colgado en madero,)


que se dió a sí mismo en rescate por todos; de lo cual el testimonio había de darse a sus propias sazones;


mas vemos a Jesús coronado de gloria y honra, a causa de la pasión de la muerte; es decir, a aquel que por un poco fué hecho inferior a los ángeles, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.


quien mismo llevó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero, a fin de que nosotros, estando muertos a los pecados, viviésemos a la justicia: por cuyas llagas vosotros fuisteis sanados.


Porque Cristo también padeció por los pecados, una vez para siempre, el justo por los injustos, a fin de llevarnos a Dios, cuando fué muerto en cuanto a la carne, pero vivificado en cuanto al espíritu;


el cual es también la propiciación por nuestros pecados; y no por los nuestros solamente, sino también por los de todo el mundo.


Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: ¡Digno eres tú de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque fuiste inmolado, y has adquirido para Dios con tu misma sangre, hombres de toda tribu, y lengua, y pueblo, y nación;


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