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Daniel 8:4 - Biblia Version Moderna (1929)

4 Y ví que el carnero daba cornadas hacia el poniente y hacia el norte, y hacía el sur. Y ningún animal podía estar en pie delante de él, ni había quien librase de su mano: hacía pues conforme a su voluntad, y se hizo grande.

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Biblia Reina Valera 1960

4 Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapase de su poder; y hacía conforme a su voluntad, y se engrandecía.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

4 El carnero embestía todo lo que encontraba a su paso hacia el occidente, el norte y el sur. Nadie podía hacerle frente ni ayudar a sus víctimas. El carnero hacía lo que quería y se hizo muy poderoso.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

4 Vi al carnero que daba cornadas al oeste, al norte y al sur; ningún animal podía resistirle ni nada podía escapársele. Hacía lo que quería y se volvió poderoso.

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La Biblia Textual 3a Edicion

4 Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía estar en pie delante de él, ni había quien escapara de su poder, y hacía conforme a su voluntad y se engrandecía.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

4 Vi que el carnero daba cornadas al oeste, al norte y al sur. Ningún animal podía resistirle y nadie podía librarse de su poder. Actuaba a su capricho y así se hizo grande.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

4 Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía mantenerse de pie delante de él, ni había quien librara de su mano; y hacía conforme a su voluntad, y se engrandecía.

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Daniel 8:4
18 Σταυροειδείς Αναφορές  

Y Sedequías hijo de Canaana se había hecho cuernos de hierro, y decía: Así dice Jehová: ¡Con éstos voltearás a los Siros hasta acabar con ellos!


bien que sabes que no soy inicuo, y que ninguno hay que pueda librarme de tu mano?


Por ti postraremos a nuestros enemigos; en tu nombre atropellaremos a nuestros contrarios.


¡Ahora pues, entended esto, olvidadores de Dios, no sea que yo os haga pedazos, y no haya quien os libre!


no sea que el enemigo arrebate mi alma, cual león, despedazándome, sin que haya quien me libre.


Por cuanto rempujasteis con el costado y el hombro, y con vuestras astas acorneasteis a todas las enfermas, hasta que las habéis dispersado y echado fuera;


Por lo cual su opositor hará conforme a su voluntad, pues no habrá quien pueda parar delante de él; y se plantará en la tierra de hermosura; la cual estará completamente en su mano.


¶Aquel rey pues hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios: y contra el Dios de los dioses hablará cosas espantosas; y saldrá con lo suyo, hasta que se concluya la indignación; porque lo decretado ha de ser hecho.


y a causa de la grandeza que le dió, todos los pueblos y naciones y lenguas temblaron y se estremecieron delante de él. Al que le daba gana mató, y al que le daba gana concedió vida; al que le daba gana ensalzó, y al que le daba gana abatió.


¶En aquella misma noche fué muerto Belsasar rey de los Caldeos.


¶Y he aquí otra segunda bestia, echada, semejante a un oso; la cual se alzaba más del un lado que del otro; y tenía tres costillas en su boca, entre sus dientes; y fuéle dicho así: ¡Levántate, devora mucha carne!


Y le ví llegarse junto al carnero, y, exasperado contra él, hirió al carnero, y quebró sus dos cuernos: y no tuvo el carnero poder para mantenerse delante de él; por lo cual le derribó en tierra, y le holló; y no hubo quien librase al carnero de su mano.


También el residuo de Jacob estará entre las naciones, y en medio de muchos pueblos, como león entre las bestias de la selva, como leoncillo entre los rebaños de ovejas; el cual si pasare por ellas, las huella, y despedaza, y no hay quien las libre.


Como el primogénito de su toro, sea la gloria de él, y sus astas, como astas de uro:  con ellas empujará a una las naciones hasta los fines de la tierra: y ellos son los diez millares de Efraín, y ellos son los millares de Manasés.


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