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2 Samuel 23:6 - Biblia Traducción en Lenguaje Actual

6-7 »La gente malvada es como los espinos, que nadie se atreve a tocarlos. Más bien, se arrojan al fuego, como si fueran basura, hasta quemarlos por completo. ¡Nadie jamás vuelve a recogerlos!»

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Περισσότερες εκδόσεις

Biblia Reina Valera 1960

6 Mas los impíos serán todos ellos como espinos arrancados, Los cuales nadie toma con la mano;

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Biblia Nueva Traducción Viviente

6 Pero los que no conocen a Dios son como espinos que se desechan, porque desgarran la mano que los toca.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

6 La gente sin fe ni ley es sólo espinas, que se tiran, no se toman con la mano.

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La Biblia Textual 3a Edicion

6 Pero los perversos, todos ellos, Serán como espinos, Que se tiran y nadie recoge,

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

6 Los perversos son todos como espinas del desierto, que no son recogidas con la mano.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

6 Pero los hijos de Belial, todos ellos, serán arrancados como espinos, los cuales nadie toma con la mano;

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2 Samuel 23:6
12 Σταυροειδείς Αναφορές  

Solo te dará espinos que te hieran, y la hierba del campo será tu alimento.


En Guilgal estaba Sebá hijo de Bicrí, que era de la tribu de Benjamín. Como Sebá era muy malo, tocó la trompeta y dijo: «¡Israelitas, regresemos a nuestras casas! ¡No tenemos nada que ver con David, ni ganamos nada con seguirlo!»


Ya no estoy enojado con ella; todavía hay algunos rebeldes, pero yo los sacaré de allí.


Sus ejércitos arderán como espinas en el fuego, y quedarán reducidos a cenizas.


¡El más bueno y honrado de ellos es peor que una mata de espinos! Pero ya está cerca el día en que Dios los castigará, tal como lo anunciaron los profetas. ¡Ese día no sabrán qué hacer!


Yo, el Hijo del hombre, enviaré a mis ángeles para que saquen de mi reino a todos los que hacen lo malo y obligan a otros a hacerlo.


Los hijos de Elí eran muy malos y no respetaban ni obedecían a Dios. Hacían cosas terribles con las ofrendas que la gente llevaba al santuario. Por ejemplo, la Ley de Dios decía que, al presentar las ofrendas, primero se debía quemar la grasa del animal y luego darle al sacerdote una porción de la carne. Sin embargo, cuando la gente apenas iba a quemar la grasa, venía un sirviente de los hijos de Elí y le decía al que presentaba la ofrenda: «Dame la carne que le toca al sacerdote, para que yo se la prepare. Debo llevarla cruda porque el sacerdote no la quiere ya cocida». A veces alguien contestaba: «Déjame quemar primero la grasa, y luego te llevarás lo que gustes». Pero el sirviente le respondía: «Si no me la das ahora, me la llevaré por la fuerza». Muchas veces el sirviente llegaba con un tenedor, lo metía en la olla donde se estaba cocinando la carne, y todo lo que sacaba era para los hijos de Elí.


»Nuestro amo Nabal es tan malo que nadie se atreve a decirle nada. Y David ya decidió atacarnos a todos nosotros. ¡Por favor, haga usted algo!»


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