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Jeremías 42:2 - Biblia Reina Valera 2020

2 y dijeron al profeta Jeremías: —Acepta ahora nuestra súplica delante de ti y ruega por nosotros al Señor, tu Dios, por todo este resto (pues de muchos que éramos hemos quedado unos pocos, como ves con tus propios ojos),

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

2 y dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro ruego delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo este resto (pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven tus ojos),

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Biblia Nueva Traducción Viviente

2 Jeremías el profeta y le dijeron: —Por favor, ora al Señor tu Dios por nosotros. Como puedes ver, somos un pequeño remanente comparado con lo que éramos antes.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

2 para decirle:

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La Biblia Textual 3a Edicion

2 y dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro ruego delante de ti, y ora por nosotros a YHVH tu Dios por todo este remanente, porque de muchos que éramos, hemos quedado pocos, así como nos están viendo tus ojos,

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

2 y dijeron al profeta Jeremías: '¡Ojalá llegue ante ti nuestra súplica! Ruega a Yahveh, tu Dios, por nosotros, por todo este resto, pues de muchos que éramos quedamos unos pocos, como estás viendo con tus propios ojos,

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

2 y dijeron al profeta Jeremías: Sea acepta nuestra súplica delante de ti, y ora por nosotros a Jehová tu Dios, por todo este remanente (pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven tus ojos),

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Jeremías 42:2
34 Referencias Cruzadas  

Entonces el rey dijo al hombre de Dios: —Te pido que ruegues ante la presencia del Señor, tu Dios, y ores por mí, para que mi mano sea restaurada. El hombre de Dios oró al Señor y la mano del rey se le restauró, y le quedó como era antes.


Llegue mi oración delante de ti; líbrame conforme a tu dicho.


Dijo Faraón: —Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios al Señor, vuestro Dios, en el desierto, con tal que no vayáis más lejos; orad por mí.


Orad al Señor para que cesen esos ensordecedores truenos y el granizo. Yo os dejaré marchar y no os retendré más.


Cuando extendáis vuestras manos, yo apartaré mi vista de vosotros; asimismo, cuando multipliquéis la oración, yo no la oiré; llenas están de sangre vuestras manos.


Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado un resto pequeño, seríamos como Sodoma, semejantes a Gomorra.


Quizá ha escuchado el Señor, tu Dios, las palabras del copero mayor, al cual el rey de Asiria, su señor, ha enviado para blasfemar contra el Dios vivo; ojalá que el Señor, tu Dios, lo castigue por las palabras que ha escuchado. Eleva, pues, una oración tú por el resto que aún ha quedado».


que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye?


¡Sea así, Señor, si no te he rogado por su bien, si no he suplicado ante ti en favor del enemigo en tiempo de aflicción y en época de angustia!


que dicen a un leño: «Mi padre eres tú», y a una piedra: «Tú me has engendrado». Me volvieron la espalda y no el rostro, pero en el tiempo de su calamidad dicen: «¡Levántate y líbranos!».


—Consulta ahora acerca de nosotros al Señor, porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, hace guerra contra nosotros; quizá el Señor haga con nosotros según todas sus maravillas, y aquel se aleje de nosotros.


Quizá llegue la oración de ellos a la presencia del Señor, y se vuelva cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado el Señor contra este pueblo.


Escucha, pues, te ruego, mi señor el rey, atiende ahora mi súplica que traigo delante de ti: ¡No me hagas volver a casa del escriba Jonatán, para que no me muera allí!


Envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías para que dijeran al profeta Jeremías: «Ruega ahora por nosotros al Señor, nuestro Dios».


Después, el rey Sedequías mandó traer al profeta Jeremías a su presencia, en la tercera entrada de la casa del Señor. Y dijo el rey a Jeremías: —Te haré una pregunta; no me ocultes nada.


Entonces, Johanán hijo de Carea habló a Gedalías en secreto, en Mizpa: —Yo iré ahora y mataré a Ismael hijo de Netanías, y nadie lo sabrá. ¿Por qué te ha de matar, de modo que todos los judíos que se te han reunido se dispersen y perezca el resto de Judá?


¿Por qué habéis hecho errar vuestras almas? Pues vosotros me habéis enviado ante el Señor, vuestro Dios, con este encargo: «Ruega por nosotros al Señor, nuestro Dios, y haznos saber todas las cosas que diga el Señor, nuestro Dios, y lo haremos».


¡Qué sola ha quedado la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como una viuda; la señora de provincias ha sido hecha tributaria.


Haré que unos pocos de ellos escapen de la espada, del hambre y de la peste, para que cuenten todas sus abominaciones entre las naciones adonde lleguen. Y sabrán que yo soy el Señor».


Aunque se compre amantes entre las naciones, ahora los reuniré, y serán afligidos durante algún tiempo bajo la carga del rey y de los príncipes.


Enviaré también contra vosotros fieras salvajes que os arrebatarán vuestros hijos, destruirán vuestro ganado y os diezmarán hasta dejar vuestros caminos desiertos.


Y aconteció que cuando acabaron de comer la hierba de la tierra, yo dije: «Señor, por favor, perdona ahora a Jacob. ¿Cómo podrá resistir Jacob, siendo como es tan pequeño?».


Y si aquellos días no se acortasen, nadie sería salvo; pero se acortarán por causa de los escogidos.


Simón respondió: —Rogad vosotros por mí al Señor para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.


Y quedaréis solo unos pocos, en lugar de haber sido tan numerosos como las estrellas del cielo, por cuanto no obedecisteis a la voz del Señor, tu Dios.


Así como el Señor se gozaba en haceros bien y en multiplicaros, así se gozará el Señor en arruinaros y en destruiros. Seréis arrancados de sobre la tierra a la que vais a entrar para tomarla en posesión.


El Señor os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis solo unos pocos entre las naciones a las que os llevará el Señor.


Confesaos vuestras ofensas unos a otros y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.


Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: —Ruega por tus siervos al Señor, tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir un rey para nosotros.


Así que, lejos de mí pecar contra el Señor y dejar de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto.


Entonces dijeron los hijos de Israel a Samuel: —No ceses de clamar por nosotros al Señor, nuestro Dios, para que nos guarde de manos de los filisteos.


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