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Jeremías 37:3 - Biblia Reina Valera 2020

3 Envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías para que dijeran al profeta Jeremías: «Ruega ahora por nosotros al Señor, nuestro Dios».

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

3 Y envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías, para que dijesen al profeta Jeremías: Ruega ahora por nosotros a Jehová nuestro Dios.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

3 No obstante, el rey Sedequías envió a Jehucal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maaseías, a pedirle a Jeremías: «Por favor, ora por nosotros al Señor, nuestro Dios».

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Biblia Católica (Latinoamericana)

3 El rey Sedecías ordenó a Jucal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maseías, que fueran donde el profeta Jeremías con este recado: 'Ruega por nosotros a Yavé, nuestro Dios.

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La Biblia Textual 3a Edicion

3 El rey Sedequías envió a Jucal ben Selemías y a Sofonías ben Maasías, el sacerdote, para que dijeran al profeta Jeremías: Te ruego que ores por nosotros a YHVH nuestro Dios.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

3 El rey Sedecías envió a Yucal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, a decir al profeta Jeremías: 'Ruega por nosotros a Yahveh, nuestro Dios'.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

3 Y envió el rey Sedequías a Jucal, hijo de Selemías, y a Sofonías, hijo de Maasías, el sacerdote, para que dijesen al profeta Jeremías: Suplica ahora por nosotros a Jehová nuestro Dios.

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Jeremías 37:3
20 Referencias Cruzadas  

Entonces el rey dijo al hombre de Dios: —Te pido que ruegues ante la presencia del Señor, tu Dios, y ores por mí, para que mi mano sea restaurada. El hombre de Dios oró al Señor y la mano del rey se le restauró, y le quedó como era antes.


Pero os ruego ahora que perdonéis mi pecado solamente esta vez, y que oréis al Señor, vuestro Dios, para que aparte de mí al menos esta plaga mortal.


Dijo Faraón: —Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios al Señor, vuestro Dios, en el desierto, con tal que no vayáis más lejos; orad por mí.


Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: —Orad al Señor para que aparte las ranas de mí y de mi pueblo, y dejaré ir a tu pueblo para que ofrezca sacrificios al Señor.


Orad al Señor para que cesen esos ensordecedores truenos y el granizo. Yo os dejaré marchar y no os retendré más.


¡Sea así, Señor, si no te he rogado por su bien, si no he suplicado ante ti en favor del enemigo en tiempo de aflicción y en época de angustia!


que dicen a un leño: «Mi padre eres tú», y a una piedra: «Tú me has engendrado». Me volvieron la espalda y no el rostro, pero en el tiempo de su calamidad dicen: «¡Levántate y líbranos!».


Así ha dicho el Señor de los ejércitos, Dios de Israel, acerca de Acab hijo de Colaías, y acerca de Sedequías hijo de Maasías, que os profetizan falsamente en mi nombre: Yo los entrego en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y él los matará delante de vuestros ojos.


Así ha dicho el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Tú enviaste cartas en tu nombre a todo el pueblo que está en Jerusalén, y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías, y a todos los sacerdotes, en las que decías:


El rey Sedecías mandó que se lo llevaran a palacio y le preguntó en secreto: —¿Tienes algún mensaje del Señor? Jeremías dijo: —Lo tengo —y agregó: —Vas a caer en manos del rey de Babilonia.


—Así ha dicho el Señor, Dios de Israel, que digáis al rey de Judá, que os envió a mí para que me consultarais: El ejército de Faraón, que había salido en vuestro socorro, se ha vuelto a la tierra de Egipto.


Oyeron Sefatías hijo de Matán, Gedalías hijo de Pasur, Jucal hijo de Selemías y Pasur hijo de Malquías, las palabras que Jeremías hablaba a todo el pueblo:


Vinieron todos los capitanes de la gente de guerra, junto con Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de Osaías y todo el pueblo, desde el menor hasta el mayor,


¿Por qué habéis hecho errar vuestras almas? Pues vosotros me habéis enviado ante el Señor, vuestro Dios, con este encargo: «Ruega por nosotros al Señor, nuestro Dios, y haznos saber todas las cosas que diga el Señor, nuestro Dios, y lo haremos».


Tomó también el capitán de la guardia a Seraías, el principal sacerdote, a Sofonías, el segundo sacerdote, y a tres guardas del atrio.


Entonces el pueblo acudió a Moisés y le dijo: —Hemos pecado por haber hablado contra el Señor y contra ti; ruega al Señor que aleje de nosotros estas serpientes. Moisés oró por el pueblo,


Simón respondió: —Rogad vosotros por mí al Señor para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.


Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: —Ruega por tus siervos al Señor, tu Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir un rey para nosotros.


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