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Hechos 8:1 - Biblia Reina Valera 2020

1 Saulo estuvo de acuerdo con la muerte de Esteban, y ese día se desató una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén y todos, salvo los apóstoles, se dispersaron por las tierras de Judea y de Samaria.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

1 Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

1 Saulo fue uno de los testigos y estuvo totalmente de acuerdo con el asesinato de Esteban. Ese día comenzó una gran ola de persecución que se extendió por toda la iglesia de Jerusalén; y todos los creyentes excepto los apóstoles fueron dispersados por las regiones de Judea y Samaria.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

1 Saulo estaba allí y aprobaba el asesinato. Este fue el comienzo de una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría.

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La Biblia Textual 3a Edicion

1 Saulo consintió en su asesinato, y en aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia en Jerusalem, y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

1 Saulo estaba de acuerdo con aquella muerte. Comenzó aquel día una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén y todos se dispersaron por los lugares de Judea y de Samaría, a excepción de los apóstoles.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

1 Y Saulo consentía en su muerte. Y en aquel tiempo fue hecha una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.

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Hechos 8:1
35 Referencias Cruzadas  

Entonces, envié mensajeros para decirles: —Estoy ocupado en una gran obra y no puedo ir; porque cesaría la obra si yo la abandonara para ir a vosotros.


Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa; abrió las ventanas de su habitación que daban a Jerusalén, y tres veces al día se arrodillaba y oraba a su Dios, dándole gracias como solía hacerlo antes.


Se alegró mucho el rey y mandó sacar a Daniel del foso. Y cuando lo sacaron, salió ileso porque había confiado en su Dios.


y otros tomaron a los siervos, los insultaron y los mataron.


Por tanto, yo os envío profetas, sabios y escribas. Vosotros mataréis y crucificaréis a unos, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas y perseguiréis de ciudad en ciudad


Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué la sazonaréis? No sirve ya para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por la gente.


Recordad lo que os he dicho: «El siervo no es mayor que su señor». Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. Si han obedecido mi palabra, también obedecerán la vuestra.


Os expulsarán de las sinagogas. Incluso viene el momento en que cualquiera que os mate pensará que rinde servicio a Dios.


Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.


Había entonces en la iglesia de Antioquía profetas y maestros: Bernabé, Simón, apodado el Negro; Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo.


Y ciertamente, David, después de haber estado al servicio del plan de Dios durante su vida, falleció, se reunió con sus antepasados y experimentó la corrupción de su cuerpo.


alababan a Dios y tenían el aprecio de todo el pueblo. Y cada día el Señor añadía a la iglesia a quienes habían de ser salvos.


y cuando se derramaba la sangre de Esteban, tu testigo, yo mismo también estaba presente aprobando su muerte y cuidando la ropa de quienes le mataban».


Así lo hice en Jerusalén. Encerré en cárceles a muchos de los fieles, tras recibir la autorización de los principales sacerdotes. Incluso di mi voto contra ellos para que fuesen condenados a muerte.


apresaron a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública.


—Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las enseñanzas acerca de esta vida.


Ellos, oyendo esto, se enfurecieron y querían matarlos.


Gamaliel los persuadió. Así que llamaron a los apóstoles y después de azotarlos y de ordenarles que no hablaran en el nombre de Jesús, los pusieron en libertad.


Este es el mismo Moisés que en la congregación del desierto medió entre el ángel que le habló en el monte Sinaí y nuestros padres y recibió palabras de vida para transmitírnoslas.


Oyendo estas cosas, se encolerizaron tanto contra Esteban que hasta les rechinaban los dientes.


Lo sacaron fuera de la ciudad, y allí lo apedrearon. Los acusadores pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.


Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan.


Unos hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban y lloraron sentidamente por él.


Pero quienes fueron dispersados iban por todas partes anunciando el evangelio.


Fue así como Felipe llegó a la ciudad de Samaria para predicar a Cristo.


Entonces las iglesias gozaban de paz por toda Judea, Galilea y Samaria, e impulsadas por el Espíritu Santo y plenamente fieles al Señor, iban consolidándose y extendiéndose cada vez más.


Esos, aunque conocen el juicio de Dios, que declara dignos de muerte a quienes practican tales cosas, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.


Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han contribuido más bien al progreso del evangelio.


Por la fe se fue de Egipto sin temer la ira del rey, y persistió en su propósito como si estuviera viendo al Invisible.


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