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Marcos 3:5 - Biblia Nueva Versión Internacional 2022

5 Jesús se les quedó mirando, enojado y entristecido por lo obstinados que eran, y dijo al hombre: —Extiende la mano. Así que la extendió y la mano quedó restablecida.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

5 Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

5 Jesús miró con enojo a los que lo rodeaban, profundamente entristecido por la dureza de su corazón. Entonces le dijo al hombre: «Extiende la mano». Así que el hombre la extendió, ¡y la mano quedó restaurada!

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Biblia Católica (Latinoamericana)

5 Entonces Jesús paseó sobre ellos su mirada, enojado y muy apenado por su ceguera, y dijo al hombre: 'Extiende la mano. El paralítico la extendió y su mano quedó sana.

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La Biblia Textual 3a Edicion

5 Y mirándolos en derredor con enojo, profundamente entristecido por la dureza de sus corazones,° dice al hombre: Extiende la mano; y él la extendió, y quedó restablecida su mano.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

5 Y mirándolos en torno con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: 'Extiende la mano'. Él la extendió, y la mano se le quedó sana.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

5 Entonces mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y su mano le fue restaurada sana como la otra.

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Marcos 3:5
29 Referencias Cruzadas  

lamentó haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón.


Entonces el rey dijo al hombre de Dios: —¡Apacigua al Señor tu Dios! ¡Ora por mí, para que se me cure el brazo! El hombre de Dios suplicó al Señor y al rey se le curó el brazo, quedándole como antes.


Esto me disgustó tanto que hice sacar de la habitación todas las pertenencias de Tobías.


Cuarenta años estuve enojado con aquella generación y dije: «Son un pueblo que siempre se aleja de mí, que no reconoce mis caminos».


Entonces dijo al hombre: —Extiende la mano. Así que la extendió y la mano quedó restablecida, tan sana como la otra.


Luego dijo a los otros: —¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal?, ¿salvar una vida o matar? Pero ellos permanecieron callados.


—¡Hipócritas! —le contestó el Señor—. ¿Acaso no desata cada uno de ustedes su buey o su burro en sábado y lo saca del establo para llevarlo a tomar agua?


Al verlos, les dijo: —Vayan a presentarse a los sacerdotes. Resultó que, mientras iban de camino, quedaron limpios.


Jesús se quedó mirando a todos los que lo rodeaban y dijo al hombre: —Extiende la mano. Así lo hizo y la mano quedó restablecida.


diciéndole: —Ve y lávate en el estanque de Siloé (que significa “Enviado”). El ciego fue y se lavó, entonces al volver ya veía.


Hermanos, quiero que entiendan este misterio para que no se vuelvan presuntuosos. Parte de Israel se ha endurecido y así permanecerá hasta que haya entrado la totalidad de los no judíos.


Sin embargo, la mente de ellos se embotó, de modo que hasta el día de hoy tienen puesto el mismo velo al leer el antiguo pacto. El velo no les ha sido quitado, porque solo se quita en Cristo.


A causa de la ignorancia que los domina y por la dureza de sus corazones, estos tienen oscurecido el entendimiento y están alejados de la vida que proviene de Dios.


«Si se enojan, no pequen». No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol


No agravien al Espíritu Santo de Dios con el que fueron sellados para el día de la redención.


Por eso me enojé con aquella generación y dije: “Siempre se alejan de mí y no reconocen mis caminos”.


¿Y con quiénes se enojó Dios durante cuarenta años? ¿No fue acaso con los que pecaron, los cuales cayeron muertos en el desierto?


Al ser así perfeccionado, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen


Todos gritaban a las montañas y a las peñas: «¡Caigan sobre nosotros y escóndannos de la mirada del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero!


Entonces se deshicieron de los dioses extranjeros que había entre ellos y adoraron al Señor. Y el Señor no pudo soportar más el sufrimiento de Israel.


Enfurecido, Jonatán se levantó de la mesa y no quiso tomar parte en la comida del segundo día de la fiesta. Estaba muy afligido porque su padre había insultado a David.


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