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2 Timoteo 1:6 - Biblia Nueva Versión Internacional 2022

6 Por eso te recomiendo que avives la llama del don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

6 Por esta razón, te recuerdo que avives el fuego del don espiritual que Dios te dio cuando te impuse mis manos.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

6 Por eso te invito a que reavives el don de Dios que recibiste por la imposición de mis manos.

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La Biblia Textual 3a Edicion

6 Por esta razón, te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

6 Por eso te insisto en que reavives ese don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

6 Por lo cual te aconsejo que avives el don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.

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2 Timoteo 1:6
19 Referencias Cruzadas  

Otras, que conocían bien el oficio y se sintieron movidas a hacerlo, torcieron hilo de pelo de cabra.


Moisés llamó a Bezalel, a Aholiab, a todos los expertos y a quienes el Señor había dado pericia y habilidad, y se sentían movidos a venir y hacer el trabajo.


¡Hazme recordar! Presentémonos a juicio; plantea el argumento de tu inocencia.


Llamó a diez de sus siervos y entregó a cada cual una buena cantidad de dinero. Les instruyó: “Hagan negocio con este dinero hasta que yo vuelva”.


Cuando Pablo les impuso las manos, el Espíritu Santo vino sobre ellos y empezaron a hablar en lenguas y a profetizar.


Los presentaron a los apóstoles, quienes oraron y les impusieron las manos.


No descuides el don que recibiste mediante profecía, cuando los líderes de la iglesia te impusieron las manos.


Si enseñas estas cosas a los hermanos, serás un buen servidor de Cristo Jesús, nutrido con las verdades de la fe y de la buena enseñanza que paso a paso has seguido.


No dejes de recordarles esto. Adviérteles delante de Dios que eviten las discusiones inútiles, pues no sirven nada más que para destruir a los oyentes.


Predica la palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar.


la enseñanza sobre bautismos, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno.


Por eso siempre les recordaré estas cosas, por más que las sepan y estén afianzados en la verdad que ahora tienen.


Queridos hermanos, esta es ya la segunda carta que les escribo. En las dos he procurado refrescarles la memoria para que, con una mente íntegra,


Aunque ustedes ya saben muy bien todo esto, quiero recordarles que el Señor, después de liberar de la tierra de Egipto a su pueblo, destruyó a los que no creían.


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