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Jeremías 51:25 - Biblia Version Moderna (1929)

25 He aquí que estoy yo contra ti, oh Volcán destructor, dice Jehová, contra ti, que has destruído toda la tierra; y extenderé mi mano contra ti, y te haré rodar de entre las peñas; y haré que vengas a ser un volcán apagado.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

25 He aquí yo estoy contra ti, oh monte destruidor, dice Jehová, que destruiste toda la tierra; y extenderé mi mano contra ti, y te haré rodar de las peñas, y te reduciré a monte quemado.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

25 «¡Mira, oh poderosa montaña, destructora de la tierra! Yo soy tu enemigo —dice el Señor—. Levantaré mi puño contra ti, para derribarte desde las cumbres. Cuando termine contigo, no serás más que un montón de escombros quemados.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

25 Apenas extienda mi mano contra ti te haré rodar de lo alto de las rocas y te convertiré en un cerro quemado. Jamás sacarán de ti una piedra de cimientos,

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La Biblia Textual 3a Edicion

25 He aquí Yo estoy contra ti, Oh volcán destructor, dice YHVH, Que destruyó la tierra entera. Extenderé contra ti mi brazo, Y te haré rodar por las peñas, Y haré que seas un volcán extinguido;

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

25 Heme aquí contra ti, montaña destructora -oráculo de Yahveh-, que destruyes toda la tierra: extenderé mi mano contra ti, te echaré a rodar desde las rocas y te haré montaña calcinada.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

25 He aquí, yo estoy contra ti, oh montaña destructora, que destruyes toda la tierra, dice Jehová; y extenderé mi mano sobre ti, y te haré rodar de las rocas, y haré de ti una montaña quemada.

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Jeremías 51:25
18 Referencias Cruzadas  

y dijeron: ¡Vamos! edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue a los cielos, y hagámonos un nombre para que no seamos dispersados sobre la faz de toda la tierra.


Aunque yo anduviere en medio de la angustia, tú me vivificarás; extenderás tu mano contra la ira de mis enemigos, y tu diestra me salvará.


¡Sobre una montaña escueta levantad la bandera! Alzad la voz para ellos, llamadlos con la mano, para que entren por las puertas de los nobles.


¶Y acontecerá que cuando fueren concluídos los setenta años, visitaré sobre el rey de Babilonia y sobre aquella nación la iniquidad de ellos, dice Jehová; y sobre la tierra de los Caldeos: y la convertiré en desolaciones perpetuas.


he aquí que enviaré y tomaré a todas las familias del Norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, siervo mío, y los traeré contra este país y contra todos sus habitantes, y contra todas las naciones de al derredor; a las que destruiré del todo, y las convertiré en asombro y en silbido y en desolaciones perpetuas.


Ha abierto Jehová su armería, y ha sacado las armas de su indignación; porque el Señor, Jehová de los Ejércitos, tiene obra que hacer en la tierra de los Caldeos.


He aquí que estoy yo contra ti, oh reino orgulloso, dice el Señor, Jehová de los Ejércitos; pues ya vino tu día, el tiempo de tu visitación.


Aun cuando se remontare Babilonia hasta los cielos, y por mucho que fortalezca la elevación de su poderío, de mi parte le vendrán quienes la despojen, dice Jehová.


Así dice Jehová de los Ejércitos: ¡Los gruesos muros de Babilonia serán completamente arrasados, y sus elevadas puertas quemadas a fuego; de modo que habránse fatigado los pueblos en balde, y las naciones para el fuego se habrán cansado!


Babilonia ha sido una copa de oro en la mano de Jehová, para embriagar a toda la tierra; de su vino han bebido las naciones, por lo cual las naciones están enloquecidas.


El rey habló y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo he edificado para metrópoli del reino, con la fuerza de mi poder, y para la gloria de mi grandeza?


¿Qué eres tú, oh gran montaña? ante Zorobabel te convertirás en llanura; y él sacará la piedra de remate con aclamaciones de: ¡Gracia, gracia a ella!


Vendrá empero el día del Señor como ladrón; día en que los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos serán disueltos con ardiente calor; la tierra también y las obras que hay en ella serán abrasadas.


¶Y el segundo ángel tocó la trompeta: y una como grande montaña, ardiendo en fuego, fué arrojada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre;


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