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Hebreos 9:12 - Biblia Version Moderna (1929)

12 ni tampoco por medio de la sangre de machos de cabrío y de terneros, sino por la virtud de su propia sangre, entró una vez para siempre en el lugar santo, habiendo ya hallado eterna redención.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

12 Con su propia sangre —no con la sangre de cabras ni de becerros— entró en el Lugar Santísimo una sola vez y para siempre, y aseguró nuestra redención eterna.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

12 Y no fue la sangre de chivos o de novillos la que le abrió el santuario, sino su propia sangre, cuando consiguió de una sola vez la liberación definitiva.

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La Biblia Textual 3a Edicion

12 ni por medio de la sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por medio de su propia sangre, entró una vez por todas en el lugar santísimo, habiendo asegurado eterna redención.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

12 Entró en el 'lugar santísimo', de una vez por siempre, no por medio de sangre de machos cabríos ni de becerros, sino de la suya propia, consiguiendo la redención eterna.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una sola vez en el lugar santísimo, habiendo obtenido, para nosotros, eterna redención.

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Hebreos 9:12
32 Referencias Cruzadas  

Setenta semanas están determinadas en cuanto a tu pueblo, y en cuanto a tu santa ciudad, para acabar con la transgresión, para poner fin a los pecados, y para hacer expiación de la iniquidad, para introducir la justicia perdurable, y para poner sello a la visión y la profecía, y para ungir al Santo de los santos.


¶Después degollará el macho cabrío de la ofrenda por el pecado, que es para el pueblo; y traerá su sangre adentro del velo, y hará con su sangre lo mismo que hizo con la sangre del novillo, rociándola sobre el Propiciatorio y delante del Propiciatorio.


si fuere el ungido sumo sacerdote quien así pecare, trayendo culpa sobre el pueblo, presentará a Jehová por el pecado que ha cometido, un novillo joven, sin tacha, como ofrenda por el pecado.


Toma a Aarón y a sus hijos con él, juntamente con las vestiduras, y el aceite de la unción, y el novillo de la ofrenda por el pecado, y los dos carneros, y el canasto de los ázimos;


En seguida presentó la oblación del pueblo; y tomando el macho cabrío de la ofrenda por el pecado que era para el pueblo, lo degolló, y ofreciólo por el pecado lo mismo que el primero.


¡Porque mirad la piedra que he puesto delante de Josué! sobre aquella piedra única están siete ojos: he aquí que yo esculpiré su grabadura, dice Jehová de los Ejércitos; y quitaré la iniquidad de esta tierra en un solo día.


mas el que blasfemare contra el Espíritu Santo no tiene perdón jamás, sino que queda sujeto a eterna condenación;


¡Bendito sea el Señor Dios de Israel! porque ha visitado a su pueblo y obrado su redención;


Mirad por vosotros mismos, y por toda la grey, sobre la cual el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para pastorear la iglesia de Dios, la cual él adquirió para sí con su misma sangre.


en quien tenemos redención por medio de su sangre, la remisión de nuestros pecados, según las riquezas de su gracia,


en quíen tenemos la redención, por medio de su sangre, la remisión de nuestros pecados:


y para esperar a su Hijo, cuando venga de los cielos, a quien él resucitó de entre los muertos; es a saber, a Jesús, que nos liberta de la ira venidera.


el cual se dió a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad, y purificar para sí mismo un pueblo de su propia posesión, celoso de buenas obras.


El cual, siendo la refulgencia de su gloria, y la exacta expresión de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su poder, cuando hubo hecho la purificación de nuestros pecados, sentóse a la diestra de la Majestad en las alturas,


¶Teniendo pues, hermanos, libertad para entrar en el lugar santísimo, en virtud de la sangre de Jesús,


Porque es imposible que la sangre de toros y de machos de cabrío quite los pecados.


Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo de Dios, con su propia sangre, padeció fuera de la puerta.


y habiendo sido hecho perfecto, vino a ser autor de eterna salvación a todos los que le obedecen;


el cual no ha menester diariamente, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer sacrificio, primero por sus propios pecados, y después por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, cuando se ofreció a sí mismo.


Porque si la sangre de machos de cabrío y de toros, y la ceniza de la novilla, rociada sobre los que han llegado  ser inmundos, los santifica, para purificación de la carne;


¿cuánto más la sangre de Cristo (el cual por medio del Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mácula  a Dios) limpiará vuestra conciencia de las obras muertas, para servir al Dios vivo?


Y por esta causa él es el mediador de un pacto nuevo; para que, habiendo habido una muerte, para la redención de las transgresiones que hubo bajo el primer pacto, los que han sido llamados reciban la promesa de la herencia eterna.


Porque cuando Moisés hubo proclamado cada mandamiento de la ley, a todo el pueblo, tomando la sangre de los becerros y de los machos de cabrío, con agua y lana escarlata e hisopo, roció al libro mismo así como a todo el pueblo,


así también Cristo, habiendo sido ofrecido una sola vez, para llevar los pecados de muchos, la segunda vez, sin pecado, aparecerá para la salvación de los que le esperan.


mas en el segundo, el sumo sacerdote, él solo, una vez al año; y eso no sin sangre, la cual ofrecía por sí mismo, y por los errores del pueblo:


y de Jesucristo, que es el fiel testigo, el primogénito de entre los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra.  A Aquel que nos ama, y nos ha lavado de nuestros pecados en su misma sangre,


Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: ¡Digno eres tú de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque fuiste inmolado, y has adquirido para Dios con tu misma sangre, hombres de toda tribu, y lengua, y pueblo, y nación;


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