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Salmos 141:2 - Biblia Traducción en Lenguaje Actual

2 ¡Recibe mi oración como una ofrenda de incienso! ¡A ti elevo mis manos como una ofrenda en la tarde!

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

2 Suba mi oración delante de ti como el incienso, El don de mis manos como la ofrenda de la tarde.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

2 Acepta como incienso la oración que te ofrezco, y mis manos levantadas, como una ofrenda vespertina.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

2 ¡Suba a ti mi oración como el incienso, mis manos que a ti levanto sean como la ofrenda de la tarde!

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La Biblia Textual 3a Edicion

2 Mi oración está aquí como incienso en tu presencia, Mis palmas elevadas como ofrenda de la tarde.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

2 que ante ti se haga valer como el incienso mi plegaria, mi manos levantadas como la ofrenda de la tarde.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

2 Suba mi oración delante de ti como el incienso, y el levantar mis manos como la ofrenda de la tarde.

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Salmos 141:2
23 Referencias Cruzadas  

Cuando llegó el momento de quemar el toro, el profeta Elías se acercó y le pidió a Dios: «¡Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob! Haz que hoy todos sepan que tú eres el Dios de Israel y que yo soy tu servidor, y que he hecho todo esto porque tú me lo has pedido.


Así permanecí hasta el atardecer. A mi lado permanecieron los que habían regresado conmigo, pues tuvieron miedo del castigo que Dios enviaría por causa del pecado de estos israelitas.


¡Levanten las manos para orar! ¡Dirijan la mirada hacia el altar, y alaben a Dios!


Atiende mis ruegos cuando te tienda los brazos para pedirte ayuda.


4 (5) ¡Mientras viva te alabaré! ¡Alzaré mis manos para alabarte!


Me ofrecerás uno en la mañana, y el otro en la tarde.


A Dios no le agradan las ofrendas de los malvados, pero recibe con agrado las oraciones de la gente buena.


llegó volando el ángel Gabriel, que ya se me había aparecido en sueños. Ya casi era la hora de presentar a Dios las ofrendas de la tarde.


»En todas las naciones del mundo hay quienes reconocen mi grandeza, y por eso me presentan ofrendas aceptables.


Enseguida, Dios envió un fuego, y los doscientos cincuenta descendientes de Leví murieron quemados.


Un día, como a las tres de la tarde, Pedro y Juan fueron al templo. A esa hora los judíos acostumbraban orar.


Deseo que en todas partes los varones dejen de discutir y de enojarse, y que en vez de eso sean buenos cristianos y oren.


Apenas hizo esto, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se arrodillaron delante de él. Cada uno tenía un arpa, y llevaba una copa llena de incienso que representaba las oraciones del pueblo de Dios.


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