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Salmos 129:1 - Biblia Traducción en Lenguaje Actual

1 1 (1b) Dejemos que nuestra gente nos hable de las angustias que ha pasado desde su juventud:

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

1 Mucho me han angustiado desde mi juventud, Puede decir ahora Israel;

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Biblia Nueva Traducción Viviente

1 Desde mi temprana juventud, mis enemigos me han perseguido. Que todo Israel repita:

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Biblia Católica (Latinoamericana)

1 Me han atacado mucho desde joven, que lo diga Israel;'

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La Biblia Textual 3a Edicion

1 Cántico gradual. Mucho me han angustiado desde mi juventud, Diga ahora Israel:

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

1 Canto gradual. Harto, desde mi juventud, me han oprimido -puede Israel decir-,

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

1 Cántico gradual Muchas veces me han angustiado desde mi juventud, puede decir ahora Israel;

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Salmos 129:1
26 Referencias Cruzadas  

1 (1b) Dios mío, cuando me siento angustiado, te llamo y tú me respondes.


1 (1b) Dirijo la mirada a las montañas; ¿de dónde vendrá mi ayuda?


1 (1b) Me da gusto que me digan: «¡Vamos al templo de Dios!»


1-2 (1b-2) Dios, rey de los cielos, de ti dependemos, como dependen los esclavos de la compasión de sus amos. Dios nuestro, de ti dependemos y esperamos que nos tengas compasión.


1 (1b) Si Dios no nos hubiera ayudado, ¿qué habría sido de nosotros? ¡Todos en Israel lo sabemos!


1 (1b) Los que confían en Dios son como el monte Sión, que nadie puede moverlo. ¡Permanecerán para siempre!


1 (1b) Cuando Dios nos hizo volver de Babilonia a Jerusalén, creíamos estar soñando.


1 (1b) Si Dios no construye la casa, de nada sirve que se esfuercen los constructores. Si Dios no vigila la ciudad, de nada sirve que se desvelen los vigilantes.


1 (1b) ¡Dios bendice a todos los que lo obedecen y siguen sus enseñanzas!


15 (16) Desde que era joven he sufrido mucho; ¡he estado a punto de morir! Soy víctima de tus castigos, ¡y ya no puedo más!


Para humillar a los israelitas, los egipcios los pusieron a las órdenes de capataces, y los obligaron a construir las ciudades de Pitón y Ramsés. En esas ciudades el rey de Egipto guardaba sus provisiones.


el rey de Egipto le ordenó a todo su pueblo: «¡Echen al río a todos los niños israelitas que nazcan, para que se ahoguen, pero dejen con vida a las niñas!»


»Babilonia, sigue con las brujerías y la magia que has practicado toda tu vida, a ver si te sirven de algo, a ver si consigues asustar a alguien.


«Jeremías, ve y diles de mi parte a todos los habitantes de Jerusalén: “Yo recuerdo, pueblo de Israel, que en tus primeros años me amabas solo a mí. Parecías una novia enamorada y me seguiste por el desierto, por tierras donde nada crece. Tú eras solo mía; ¡fuiste mi primer amor! Si alguien te hacía algún daño, sufría las consecuencias. Te juro que así fue”.


»Cuando les iba bien, les advertí del peligro, pero no me hicieron caso. ¡Siempre han sido rebeldes!


Bajo el peso de las cadenas, la gente de Judá salió prisionera. Sus enemigos los atraparon y los maltrataron con crueldad. Ahora son esclavos en países lejanos, y no han dejado de sufrir.


Dios le dijo a su pueblo: «Israel, cuando eras un país joven, yo te demostré mi amor por ti. Yo te saqué de Egipto porque eres un hijo para mí.


15 (17) Le devolveré sus viñas, y convertiré su desgracia en gran bendición. Volverá a responderme como cuando era joven, como cuando salió de Egipto.


Cuando iban a pelear, Dios se ponía en contra de ellos, y todo les salía mal, tal como él lo había advertido. Los israelitas estaban en grandes aprietos,


Por eso Dios se enojó y permitió que los conquistara Cusán-risataim, que era rey de Mesopotamia. Después de ocho años de esclavitud,


Entre los israelitas no había quien trabajara el hierro. Los filisteos no se lo permitían, por temor a que se hicieran espadas y lanzas de ese metal. Ni siquiera tenían cómo afilar sus arados, azadones, hachas y picos. Por eso tenían que ir al país de los filisteos y pagarles mucho dinero para que les afilaran sus herramientas. El día de la batalla los únicos que tenían una espada y una lanza eran Saúl y Jonatán.


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