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Lucas 18:32 - Biblia Traducción en Lenguaje Actual

32 Porque en Jerusalén unos hombres me entregarán a las autoridades de Roma. Los romanos se burlarán de mí, me insultarán y me escupirán en la cara.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

32 Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

32 Será entregado a los romanos, y se burlarán de él, lo tratarán de manera vergonzosa y lo escupirán.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

32 será entregado al poder extranjero; será burlado, maltratado y escupido;'

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La Biblia Textual 3a Edicion

32 Porque será entregado a los gentiles, y será escarnecido° y afrentado, y escupido;

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

32 Porque será entregado a los gentiles, y se verá burlado, insultado y escupido;

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

32 Porque será entregado a los gentiles, y será escarnecido, e injuriado, y escupido.

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Lucas 18:32
26 Referencias Cruzadas  

»No quité mi espalda a los que me golpeaban, ni escondí mis mejillas de los que me arrancaban la barba; ni me cubrí la cara cuando me escupían y se burlaban de mí.


»Muchos se asombrarán al verlo, por tener la cara desfigurada, y no parecer un ser humano.


Todos lo despreciaban y rechazaban. Fue un hombre que sufrió el dolor y experimentó mucho sufrimiento. Todos evitábamos mirarlo; lo despreciamos y no lo tuvimos en cuenta.


1 (4.14) Yo, Miqueas, anuncio: «Jerusalén, Jerusalén, prepárate para la guerra. Por medio de tus enemigos Dios castigará duramente al rey de Israel.


Desde ese momento, Jesús comenzó a decirles a sus discípulos lo que le iba a pasar: «Tendré que ir a Jerusalén, y los líderes del país, los sacerdotes principales y los maestros de la Ley me harán sufrir mucho. Allí van a matarme, pero tres días después resucitaré.»


y me entregarán a mis enemigos para que se burlen de mí, y para que me golpeen y me hagan morir en una cruz. Pero después de tres días, resucitaré.»


y los otros agarraron a los sirvientes del rey y los mataron a golpes.


Entonces algunos le escupieron en la cara y otros lo golpearon. Aun otros le pegaban en la cara,


Lo ataron, lo sacaron del palacio de Caifás y lo entregaron a Poncio Pilato, el gobernador romano.


Algunos empezaron a escupir a Jesús. Le tapaban los ojos, lo golpeaban y le decían: «¡Adivina quién te pegó!» Luego, los soldados del templo se hicieron cargo de Jesús y lo recibieron a bofetadas.


Al amanecer, los sacerdotes principales, los líderes del país y los maestros de la Ley se reunieron con los miembros de la Junta Suprema. Terminada la reunión, ataron a Jesús, lo sacaron del palacio de Caifás y lo entregaron a Poncio Pilato, el gobernador romano.


Luego me golpearán y me matarán, pero después de tres días, resucitaré.»


Luego, todos los de la Junta Suprema se pusieron de pie y llevaron a Jesús ante Pilato, el gobernador romano.


Herodes y sus soldados insultaron a Jesús, y para burlarse de él lo vistieron como si fuera un rey. Luego lo enviaron a Pilato.


la gente miraba todo lo que pasaba. Los líderes del pueblo, entre tanto, se burlaban de Jesús y decían: «Él salvó a otros, y si de verdad es el Mesías que Dios eligió, que se salve a sí mismo.»


Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardias del templo lo golpeó en la cara y le dijo: —¡Esa no es manera de contestarle al jefe de los sacerdotes!


Muy de mañana, llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano. Los jefes de los judíos no entraron en el palacio, porque la ley no les permitía entrar en la casa de alguien que no fuera judío, antes de la cena de la Pascua.


Ellos le contestaron: —No lo habríamos traído si no fuera un criminal.


Así se cumplió lo que el mismo Jesús había dicho sobre el modo en que iba a morir.


Pilato le contestó: —¿Me ves cara de judío? La gente de tu mismo país y los sacerdotes principales son los que te han entregado. ¿Qué fue lo que hiciste?


»Desde el principio, Dios había decidido que Jesús sufriera, y que fuera entregado a sus enemigos. Ustedes lo ataron y lo entregaron a los romanos, para que lo mataran.


Nuestros antepasados Abraham, Isaac y Jacob adoraron a Dios. Y ese mismo Dios es quien nos ha enviado a Jesús como Mesías, y nos ha mostrado lo maravilloso y poderoso que es Jesús. Pero ustedes lo entregaron a los gobernantes romanos, y aunque Pilato quiso soltarlo, ustedes no se lo permitieron.


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