2 Crónicas 29:20 - Biblia Traducción en Lenguaje Actual20 Al día siguiente, muy temprano, el rey Ezequías reunió a los jefes más importantes de la ciudad y se fue con ellos al templo de Dios. Ver CapítuloMás versionesBiblia Reina Valera 196020 Y levantándose de mañana, el rey Ezequías reunió los principales de la ciudad, y subió a la casa de Jehová. Ver CapítuloBiblia Nueva Traducción Viviente20 Temprano a la mañana siguiente, el rey Ezequías reunió a los funcionarios de la ciudad y fue al templo del Señor. Ver CapítuloBiblia Católica (Latinoamericana)20 Entonces se levantó el rey Ezequías de mañana, reunió a los jefes de la ciudad y subió a la Casa de Yavé. Ver CapítuloLa Biblia Textual 3a Edicion20 Y madrugó el rey Ezequías y reunió a los príncipes de la ciudad y subió a la Casa de YHVH. Ver CapítuloBiblia Serafín de Ausejo 197520 El rey Ezequías se levantó muy de mañana, reunió a los jefes de la ciudad y subió al templo de Yahveh. Ver CapítuloBiblia Reina Valera Gómez (2023)20 Y levantándose de mañana el rey Ezequías reunió a los principales de la ciudad y subió a la casa de Jehová. Ver Capítulo |
En aquellos días, el santuario en donde el pueblo se reunía para adorar a Dios estaba en Gabaón. Ese santuario había sido construido en el desierto por Moisés, el servidor de Dios. En ese santuario estaba el altar de bronce que hizo Besalel, hijo de Urí y nieto de Hur. El cofre del pacto de Dios no estaba allí porque David se lo había llevado desde Quiriat-jearim hasta Jerusalén; allí lo había puesto en una carpa que él mismo había preparado. Un día, Salomón mandó llamar a todos los jefes del ejército, a los jefes del gobierno y a todos los jefes de las familias y de las tribus. Cuando todos llegaron, se fue con ellos al santuario de Gabaón a adorar a Dios. Allí Salomón le presentó a Dios mil ofrendas quemadas sobre el altar de bronce.
Llevaron como ofrendas siete toros, siete carneros y siete corderos. También llevaron siete cabritos para pedir perdón a Dios por los pecados de la familia del rey, por los pecados del pueblo de Judá, y para hacer del templo un lugar aceptable para Dios. El rey entregó los animales a los sacerdotes descendientes de Aarón, para que los sacrificaran sobre el altar de Dios.