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Salmos 102:8 - Biblia Torres Amat 1825

8 Me hieren todo el día mis enemigos, y aquellos que me alaban se han conjurado contra mí.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

8 Cada día me afrentan mis enemigos; Los que contra mí se enfurecen, se han conjurado contra mí.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

8 Mis enemigos se burlan de mí día tras día; se mofan de mí y me maldicen.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

8 Todo el día me insultan mis enemigos, los que me adulan maldicen de mí.

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La Biblia Textual 3a Edicion

8 Mis enemigos me afrentan cada día, Mis escarnecedores me maldicen.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

8 siempre en vela, como pájaro solitario sobre el techo.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

8 Cada día me afrentan mis enemigos; los que contra mí se enfurecen se han conjurado contra mí.

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Salmos 102:8
15 Referencias Cruzadas  

¿Por qué causa se han embravecido tanto las naciones, y los pueblos maquinan vanos proyectos?


Prorrumpían mis enemigos en imprecaciones contra mí: ¿Cuándo morirá éste, decían, y se acabará su memoria?


a la gritería de mi enemigo, y por la persecución de los malvados. Porque me han achacado a mí la iniquidad, y me acosan con sus furores.


Tienes ante tus ojos todos los que me atormentan; improperios y miserias aguarda siempre mi corazón. Esperé que alguno se condoliese de mí, mas nadie lo hizo; o quien me consolase, y no hallé quien lo hiciese.


Me puse a considerar los días antiguos, y a meditar en los años eternos.


oprobios con que nos dan en rostro, Señor, tus enemigos, quienes nos echan en cara la mutación de tu ungido.


Y dejaréis cubierto de execración vuestro nombre a mis escogidos. El Señor Dios acabará contigo, ¡oh Israel!, y a sus siervos los llamará con otro nombre.


De suerte que todos los que han sido trasladados de Judá a Babilonia los tomarán por frase de maldición, diciendo: Te ponga el Señor como a Sedecías y a Acab, a quienes asó o frió a fuego lento el rey de Babilonia,


Mas ellos llenos de furor, conferenciaban entre sí, qué podrían hacer contra Jesús .


Y andando con frecuencia por todas las sinagogas, los obligaba a fuerza de castigos a blasfemar del Nombre de Jesús , y enfurecido más cada día contra ellos, los iba persiguiendo hasta en las ciudades extranjeras.


Al oír tales cosas, ardían en cólera sus corazones, y crujían los dientes contra él.


Considere que Cristo no buscó su propia satisfacción, antes bien, como está escrito, decía a su Padre: Los oprobios de los que te ultrajaban vinieron a descargar sobre mí.


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