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Levítico 26:11 - Biblia Torres Amat 1825

11 Fijaré mi Tabernáculo en medio de vosotros y no os desechará mi alma.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

11 Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará;

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Biblia Nueva Traducción Viviente

11 Viviré entre ustedes y no los despreciaré.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

11 Tendré mi Morada entre ustedes y ya no los miraré mal.

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La Biblia Textual 3a Edicion

11 Pondré mi Tabernáculo en medio de vosotros, y mi alma no os abominará,

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

11 Pondré mi morada en medio de vosotros y no sentiré hastío de vosotros.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

11 Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará:

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Levítico 26:11
27 Referencias Cruzadas  

¿Por ventura en todos los lugares por donde pasé con todos los hijos de Israel, he hablado nunca a alguna de las tribus, a quien hubiese yo encargado el gobierno de mi pueblo Israel, ni le he dicho jamás: Por qué no me edificáis una casa de cedro?


y habitaré en medio de los hijos de Israel, y no desampararé nunca al pueblo mío de Israel.


No he descansado, oh Dios, hasta ver concluida una casa para tu habitación, para trono tuyo firmísimo para siempre.


Mas en efecto: ¿es creíble que verdaderamente Dios ha de habitar sobre la tierra? Porque si ni los cielos, oh Señor, ni los altísimos cielos pueden abarcarte, ¿cuánto menos esta casa que yo he construido?


Por lo que se encendió la saña del Señor contra su pueblo, y abominó su heredad.


Fijó su habitación en la paz, y su morada en Sión.


Lo oyó Dios, y lo despreció; y redujo a la última humillación a Israel.


Y me fabricarán un Santuario, y habitaré en medio de ellos.


Y habitaré en medio de los hijos de Israel, y seré su Dios.


Y sabrán que Yo soy el Señor Dios suyo, que los saqué de la tierra de Egipto, para morar entre ellos, Yo que soy el Señor su Dios.


No nos dejes caer en el oprobio, ¡oh Señor!, por amor de tu Nombre: Ni nos castigues con ver ultrajado el templo, solio de tu gloria; acuérdate de mantener tu antigua alianza con nosotros.


El Señor ha desechado su altar, ha maldecido su santuario; ha entregado sus murallas y torres en poder de los enemigos; los cuales han dado voces de júbilo, como en una solemne fiesta.


Y conoceréis que yo resido en medio de Israel, y que yo soy el Señor Dios vuestro, y que no hay otro sino yo; y jamás por jamás volverá a ser confundido el pueblo mío.


No queráis seguir las costumbres de las naciones que yo he de arrojar de delante de vosotros; pues por haber ellas hecho todas estas cosas, yo las abomino.


si despreciareis mis leyes y no hiciereis caso de mis juicios, dejando de hacer lo que tengo establecido e invalidando mi pacto;


la cual, despoblada de ellos, gozará de sus días de sábado, reducida a un yermo por causa de ellos. Mas entretanto me pedirán perdón por sus pecados, por haber rechazado mis ordenanzas y despreciado mis leyes.


Y yo a pesar de eso, aun estando ellos en tierra enemiga, no los abandoné totalmente, ni los desamé tanto que los dejase perecer enteramente, y anulase el pacto hecho con ellos. Porque al fin yo soy el Señor Dios suyo.


E hice morir a tres pastores en un mes, y por causa de ellos se angustió mi alma, porque tampoco el alma de ellos me fue a mí constante.


Por él entráis también vosotros, gentiles, a ser parte de la estructura de este edificio, para llegar a ser morada de Dios por medio del Espíritu Santo.


Lo vio el Señor, y se encendió en cólera, por ser sus mismos hijos e hijas los que así le provocaban.


Que si creéis que es inmunda la tierra de vuestra posesión, mudaos a la nuestra en que está el Tabernáculo del Señor y venid a morad entre nosotros; mas no desertéis del Señor y de nuestra comunión , alzando un altar contra el altar del Señor Dios vuestro.


Y les dijo el sacerdote Finees, hijo de Eleazar: Ahora conocemos que el Señor está con nosotros, y no nos abandonará; puesto que estáis tan ajenos de semejante prevaricación, y que habéis librado a los hijos de Israel del temor de la justa venganza del Señor.


Y oí una voz grande que venía del trono, y decía: Ved aquí el Tabernáculo de Dios entre los hombres, y el Señor morará con ellos. Y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios habitando en medio de ellos será su Dios.


ya no tendrán hambre, ni sed, ni descargará sobre ellos el sol, ni el bochorno;


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