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Génesis 49:18 - Biblia Torres Amat 1825

18 Yo, Señor, aguardaré TU SALUD.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

18 Tu salvación esperé, oh Jehová.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

18 ¡Oh Señor, confío en ti para la salvación!

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Biblia Católica (Latinoamericana)

18 ¡Oh Yavé, espero en tu salvación!

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La Biblia Textual 3a Edicion

18 ¡Por tu salvación espero, oh YHVH!

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

18 ¡De ti espero la salvación, oh Yahveh!

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

18 Tu salvación esperé, oh Jehová.

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Génesis 49:18
32 Referencias Cruzadas  

Venga a ser Dan como una culebra en el camino, como un ceraste o áspid en la senda, que muerde la uña o pie del caballo, para que caiga de espaldas el jinete.


Yo esperaba, Señor, la salud que de ti viene; y entretanto amaba tus mandamientos.


¡Oh Señor! ardientemente he deseado la salud que de ti viene, y tu ley es el objeto continuo de mi meditación.


Y venga, ¡oh Señor!, sobre mí tu misericordia; venga a mí tu salvación, según tu promesa.


Como los ojos de los siervos están mirando siempre las manos o insinuaciones de sus amos, como la esclava tiene fijos sus ojos en las manos de su señora, así nuestros ojos están clavados en el Señor Dios nuestro, para moverle a que se apiade de nosotros.


En el Señor ha puesto su esperanza.


¡Oh, quién enviará de Sión la salud o el salvador de Israel! Cuando el Señor pusiere fin a la cautividad de su pueblo, saltará de gozo Jacob , y se regocijará Israel.


Con ansia suma estuve aguardando al Señor, y por fin inclinó a mí sus oídos,


¿Cómo no estará mi alma sometida a Dios, dependiendo de él mi salvación?


Tú, ¡oh alma mía!, mantente sujeta a Dios; pues de él viene mi paciencia.


Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salud.


El Señor es la fortaleza mía, y el objeto de mis alabanzas, porque El ha sido mi Salvador . Este es mi Dios, y yo publicaré su gloria: el Dios de mis padres, a quien he de ensalzar.


Desechado de Dios será el impío por causa de su malicia, mas el justo aun en su muerte conserva la esperanza.


Porque reposará la mano del Señor sobre este monte santo de Sión, y debajo de él será desmenuzado Moab y demás enemigos nuestros, así como la paja que se trilla debajo de un carro falcado.


El pueblo de Sión morará en Jerusalén ; enjugarás tus lágrimas, ¡oh pueblo fiel! El Señor, apiadándose de ti, usará contigo de misericordia; al momento que oyere la voz de tu clamor, te responderá benigno.


A la voz del ángel huyeron los pueblos; y al alzar tu brazo quedaron disipadas las naciones enemigas.


Pues ¿cómo podrás hacer frente al gobernador de un lugar aunque sea de los de menos graduación entre los siervos de mi señor? Que si confías tú en Egipto por sus carros de guerra y por su fuerte caballería,


Me veis aquí a mí y a mis hijos, que me dio el Señor para que sirvan de señal y portento a Israel, de parte del Señor de los ejércitos, que habita en el monte de Sión.


Bueno es el Señor para los que esperan en él, para las almas que le buscan.


Mas este cananeo tiene en sus manos una balanza engañosa, él se complace en estafar al prójimo.


Mas yo volveré mis ojos hacia el Señor, pondré mi esperanza en Dios Salvador mío, y mi Dios me atenderá.


Así que tendrá un hijo a quien pondrás por nombre Jesús ; pues él es el que ha de salvar a su pueblo, o librarle, de sus pecados.


fue José de Arimatea, persona ilustre y senador, el cual esperaba también el reino de Dios, y entró denodadamente a Pilatos, y pidió el cuerpo de Jesús .


Mas el ángel le dijo: ¡Oh María!, no temas, porque has hallado gracia en los ojos de Dios.


Había a la sazón en Jerusalén un hombre justo y temeroso de Dios, llamado Simeón, el cual esperaba de día en día la consolación de Israel o la venida del Mesías, y el Espíritu Santo moraba en él.


Porque ya mis ojos han visto al Salvador que nos has dado,


el cual no había consentido en el designio de los otros ni en lo que habían ejecutado; antes bien era de aquellos que esperaban también el reino de Dios.


Así las criaturas todas están aguardando con gran ansia la manifestación de los hijos de Dios.


Si esperamos, pues, lo que no vemos todavía, claro está que lo aguardamos por medio de la paciencia.


Pues nosotros solamente en virtud de la fe esperamos recibir del espíritu la verdadera justicia o santidad.


y para esperar del cielo a su Hijo Jesús (a quien resucitó de entre los muertos), y el cual nos libertó de la ira venidera.


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