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2 Samuel 13:39 - Biblia Torres Amat 1825

39 Al cabo el rey David dejó de perseguir a Absalón por habérsele templado la pena de muerte de Amnón.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

39 Y el rey David deseaba ver a Absalón; pues ya estaba consolado acerca de Amnón, que había muerto.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

39 Y el rey David, ya resignado de la muerte de Amnón, anhelaba reencontrarse con su hijo Absalón.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

39 después se consoló de la muerte de Amnón y se le pasó el enojo con Absalón.

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La Biblia Textual 3a Edicion

39 Y el alma del rey David° ansiaba ver a Absalón, pues ya se había consolado por la muerte de Amnón.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

39 El espíritu del rey se consumía en deseos de ver a Absalón, pues ya se había consolado de la muerte de Amnón.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

39 Y el alma del rey David deseaba ir adonde estaba Absalón: porque ya estaba consolado acerca de Amnón que había muerto.

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2 Samuel 13:39
10 Referencias Cruzadas  

la hizo entrar en el pabellón de Sara, su madre, y la tomó por mujer; y la amó en tanto grado, que se le templó el dolor que la muerte de Sara su madre le había causado.


Está bien que deseases ir a los tuyos, y te tirase la bienquerencia de la casa de tu padre; mas ¿a qué propósito robarme mis dioses?


Y juntándose todos los demás hijos para aliviar el dolor del padre, no quiso admitir consuelo ninguno, sino que decía: Descenderé deshecho en lágrimas a encontrar y unirme con mi hijo en el sepulcro. Y perseveró en el llanto.


Pasados ya muchos días, murió la hija de Sué, mujer de Judá; el cual después de los funerales, concluido el duelo, iba un día con Hiras el odollamita, mayoral del ganado, al esquileo de sus ovejas a Tamnas.


Advirtiendo, pues, Joab, hijo de Sarvia, que el corazón del rey se inclinaba ya a Absalón,


Ardió mi alma en deseos de amar tu santa y justísima ley en todo tiempo.


Mi alma suspira y padece desfallecimientos, ansiando estar en los atrios del Señor. Se transportan de gozo mi corazón y mi cuerpo, contemplando al Dios vivo.


Tus hijos y tus hijas serán entregados a pueblo extraño, viéndolo tus ojos y consumiéndose con la continua vista de su miseria, sin haber fuerza en tu mano para librarlos.


Porque a la verdad él tenía gran ansia de veros a todos; y estaba angustiado, porque vosotros habíais sabido su enfermedad.


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