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1 Juan 5:8 - Biblia Torres Amat 1825

8 Si admitimos el testimonio de los hombres, de mayor autoridad es el testimonio de Dios; ahora bien, Dios mismo, cuyo testimonio es el mayor, es el que ha dado de su Hijo este gran testimonio.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

8 Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

8 —el Espíritu, el agua y la sangre— y los tres están de acuerdo.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

8 el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres coinciden en lo mismo.

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La Biblia Textual 3a Edicion

8 El Espíritu, el agua, y la sangre; y los tres concuerdan.°

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

8 el Espíritu y el agua y la sangre; y los tres concuerdan en lo mismo.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

8 Y tres son los que dan testimonio en la tierra; el Espíritu, el agua, y la sangre; y estos tres concuerdan en uno.

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1 Juan 5:8
14 Referencias Cruzadas  

Id, pues, e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;


Porque dado que muchos atestiguaban falsamente contra él, los tales testimonios no estaban acordes, ni eran suficientes para condenarlo a muerte.


Mas cuando viniere el Consolador, el Espíritu de verdad que procede del Padre, y que yo os enviaré de parte de mi Padre, él dará testimonio de mí.


sino que uno de los soldados con la lanza le abrió el costado, y al instante salió sangre y agua.


Con él están conformes las palabras de los profetas, según está escrito.


Y con razón, porque el mismo espíritu de Dios está dando testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.


El que así mismo nos ha marcado con su sello, y que por arras de los bienes que nos ha prometido, nos da el Espíritu Santo en nuestros corazones.


Salgamos, pues, a él fuera de la ciudad, o alojamientos, y sigámosle las pisadas cargados con su improperio.


que se han alimentado con la santa palabra de Dios y la esperanza de las maravillas del siglo venidero,


el cual, después de haber devorado la muerte, a fin de hacernos herederos de la vida eterna, está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo, y estándole sumisos los ángeles, y las potestades y las virtudes.


El que cree, pues, en el Hijo de Dios, tiene el testimonio de Dios consigo o a su favor. El que no cree al Hijo, le trata de mentiroso, porque no ha creído al testimonio que Dios ha dado de su Hijo.


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