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Ezequiel 10:5 - La Biblia Textual 3a Edicion

5 Y el rumor de las alas de los querubines se oía hasta el atrio exterior, como la voz de ’El-Shadday° cuando habla.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

5 Y el estruendo de las alas de los querubines se oía hasta el atrio de afuera, como la voz del Dios Omnipotente cuando habla.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

5 El sonido de las alas de los querubines sonaban como la voz del Dios Todopoderoso y podía oírse hasta en el atrio exterior.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

5 El ruido de las alas de los querubines se oía hasta en el patio exterior, pues era tan fuerte que parecía la voz del Dios Todopoderoso cuando habla.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

5 El rumor de las alas de los querubines llegaba hasta el atrio exterior; era como la voz de Sadday cuando habla.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

5 Y el estruendo de las alas de los querubines se oía hasta el atrio exterior, como la voz del Dios Omnipotente cuando habla.

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Ezequiel 10:5
19 Referencias Cruzadas  

Todas estas obras, desde los cimientos hasta las cornisas, y afuera hasta el gran atrio, eran de piedras costosas, bloques tallados a medida, cortados con sierra, tanto por el lado interior como por el lado exterior.


Además hizo el atrio de los sacerdotes, y el gran atrio con sus puertas, y recubrió de bronce las puertas de ambos.


Si tienes un brazo como el de Dios, Y tu voz atruena como la suya,


Al que cabalga sobre los cielos de los cielos, Que son desde la antigüedad, ¡Mirad! Él emite su voz, su poderosa voz.


Las nubes derramaron torrentes de aguas, Los nubarrones dieron su voz,° Y tus saetas° salieron disparadas.°


Al tercer día, siendo de mañana, aconteció que hubo truenos y relámpagos° y una nube muy espesa sobre el monte y un fuerte sonido del shofar;° y todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció.


y el sonido del shofar se hacía cada vez más fuerte, y Moisés hablaba, y ’Elohim le respondía con el trueno.


Entonces oí la voz de Adonay que decía: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y dije: ¡Heme aquí, envíame a mí!


Cuando avanzaban, oía el ruido de sus alas como el estruendo de aguas caudalosas, como la voz de Shadday, ruido tumultuoso como el fragor de un ejército. Al detenerse, sus alas se plegaban.


Y cuando mandó al varón vestido de lino blanco, diciendo: Toma fuego de adentro de las ruedas, de en medio de los querubines, él entró y se quedó en pie junto a una de las ruedas.


Luego me condujo al atrio exterior, y he aquí había aposentos, y un atrio enlosado todo en derredor. Treinta aposentos daban a aquel atrio.


Luego me condujo al atrio exterior, y me hizo pasar por las cuatro esquinas del atrio, y he aquí en cada esquina había un atrio pequeño.


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