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Santiago 1:19 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

19 Aprended esto, hermanos míos queridos: que todo hombre sea pronto para escuchar, tardo para hablar, tardo para la ira.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

19 Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;

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Biblia Nueva Traducción Viviente

19 Mis amados hermanos, quiero que entiendan lo siguiente: todos ustedes deben ser rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarse.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

19 Hermanos muy queridos, sean prontos para escuchar, pero lentos para hablar y enojarse,

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La Biblia Textual 3a Edicion

19 Sabed,° mis amados hermanos: Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira;

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

19 Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea presto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira;

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

19 Mis queridos hermanos, pongan atención a esto que les voy a decir: todos deben estar siempre dispuestos a escuchar a los demás, pero no dispuestos a enojarse y hablar mucho.

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Santiago 1:19
54 Referencias Cruzadas  

Se leía diariamente, desde el día primero hasta el último, el libro de la ley de Dios. La fiesta duró siete días. Y el día octavo tuvo lugar, según costumbre, una asamblea solemne.


Rehusaron oír y no se acordaron de las maravillas que con ellos obraste; endurecieron su cerviz, y se obstinaron en volver a la servidumbre de Egipto. Pero tú eres un Dios que perdona, bondadoso y clemente, tardo para la ira y lleno de bondades, y no los abandonaste.


En pie, cada uno en su sitio, oyeron la lectura del libro de la ley de Yahveh, su Dios, durante una cuarta parte del día. Durante otra cuarta parte confesaron sus pecados y adoraron a Yahveh, su Dios.


Yo estaba esperando. Pero ellos se callan, sin saber qué decir.


En el mucho hablar no falta pecado; quien refrena sus labios es sensato.


Quien vigila su boca guarda su vida, quien mucho habla se perderá.


El que es irascible comete desatinos, el hombre juicioso sabe resistir.


El hombre paciente tiene gran prudencia, el irascible muestra su fatuidad.


Hombre irascible suscita reyertas, hombre paciente compone disputas.


La lengua de los sabios difunde la ciencia, la boca de los necios mana necedad.


Más vale saber sufrir que ser héroe, ser dueño de sí que conquistar una ciudad.


Iniciar un pleito es soltar las aguas; mejor es retirarse que entablar el proceso.


Quien ahorra palabras domina la ciencia, el hombre reservado es inteligente.


Quien responde sin antes escuchar cosecha necedad y confusión.


Muerte y vida dependen de la lengua: quien bien la emplea comerá su fruto.


La sensatez hace al hombre paciente, tiene por honor disimular una falta.


El hombre iracundo sufrirá su castigo; si tú lo perdonas, se irrita aún más.


Quien guarda su boca y su lengua, guarda su vida de la angustia.


Ciudad abierta, sin murallas: tal es el hombre sin dominio de sí.


¿Has visto un hombre de hablar precipitado? Más cabe esperar de un necio que de él.


Cuando la burra vio al ángel de Yahveh, se echó en tierra, debajo de Balaán, quien, lleno de cólera, volvió a pegarle con su vara.


Pero yo os digo: todo el que se enoje contra su hermano comparecerá ante el tribunal; y el que diga a su hermano estúpido comparecerá ante el sanedrín; y el que le diga renegado comparecerá para la gehenna del fuego.


El mismo David lo llama 'Señor'; entonces, ¿a título de qué es hijo suyo?'. El pueblo, muy numeroso, lo escuchaba con agrado.


Se reunió tanta gente que ni siquiera cabían delante de la puerta; y él les dirigía la palabra.


Se acercaban a él, para escucharlo, todos los publicanos y pecadores.


pero no encontraban cómo hacerlo, porque todo el pueblo estaba pendiente de sus labios.


Uno de aquellos días se levantó Pedro en medio de los hermanos -un grupo de unas ciento veinte personas personas en total- y dijo:


Al instante mandé a buscarte, y tú has tenido la amabilidad de venir. Aquí estamos ahora todos nosotros en presencia de Dios para escuchar todo lo que el Señor te haya ordenado'.


Al oír esto, los gentiles se alegraban y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban destinados a vida eterna.


Éstos eran de mejor condición que los de Tesalónica y recibieron con toda avidez la palabra, compulsando día tras día las Escrituras, para ver si era así.


Se atenían con constancia a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones.


Si os indignáis, no lleguéis a pecar: no se ponga el sol sobre vuestra ira,


Desaparezca de entre vosotros toda amargura, animosidad, ira, gritos, insultos y toda clase de maldad.


Y que la paz de Cristo ponga orden como árbitro en vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Sed agradecidos.


Pero ahora dejad a un lado también todas estas otras: ira, animosidad, malignidad, injurias, groserías salidas de vuestra boca.


Por eso precisamente damos sin cesar gracias a Dios; porque cuando acogisteis la palabra de Dios que nosotros os anunciábamos, no la acogisteis como palabra humana, sino -como es en realidad- como palabra de Dios, que ejerce su acción en vosotros, los creyentes.


No os engañéis, hermanos queridos.


Considerad, hermanos míos, como motivo de gran alegría veros envueltos en toda clase de pruebas,


Si alguno cree ser realmente religioso y no refrena su lengua, sino que se engaña a sí mismo, su religión no es auténtica.


Hermanos míos, no impliquéis la fe de nuestro Señor Jesucristo glorioso en favoritismos personales.


Escuchad, hermanos míos queridos: ¿no eligió Dios a los pobres según el mundo para ser ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que lo aman?


De la misma boca salen bendición y maldición. Esto, hermanos míos, no debe ser así.


No habléis mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano, o juzga a su hermano, habla mal de la ley y juzga a la ley. Y si juzgas a la ley, no eres cumplidor de la ley, sino su juez.


Ante todo, hermanos míos, no juréis ni por el cielo ni por la tierra ni con ningún otro juramento. Que vuestro 'sí' sea 'sí', y que vuestro 'no' sea 'no', para que no caigáis en juicio.


Hermanos míos, si alguno de entre vosotros se desvía de la verdad y otro lo convierte,


No os escribo porque no conozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira proviene de la verdad.


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