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Salmos 14:1 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

1 Del director. De David. Dice el necio en su interior: 'Dios no existe'. Corruptos, abominables en sus obras, no hay quien haga el bien.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

1 Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

1 Solo los necios dicen en su corazón: «No hay Dios». Ellos son corruptos y sus acciones son malas; ¡no hay ni uno solo que haga lo bueno!

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Biblia Católica (Latinoamericana)

1 Dijo en su corazón el insensato: '¡Mentira, Dios no existe!' Son gente pervertida que hacen cosas infames; ya no hay quien haga el bien.

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La Biblia Textual 3a Edicion

1 Al director del coro. Salmo de David. Dice el necio en su corazón: No hay Dios.° Se han corrompido, hacen obras abominables. No hay quien haga el bien.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

1 Al Músico principal: Salmo de David Dijo el necio en su corazón: No hay Dios. Se corrompieron, hicieron obras abominables; no hay quien haga el bien.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

1 1 (1b) Los necios piensan: «Dios no existe». Pero son gente corrompida, todo lo que hacen es odioso; ¡ninguno de ellos hace lo bueno!

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Salmos 14:1
32 Referencias Cruzadas  

Viendo Yahveh que era grande la maldad del hombre sobre la tierra, y que todos los designios de su corazón eran siempre perversos,


¡cuánto menos un ser odioso y corrompido, el hombre, que bebe como agua la maldad!


Y tú has concluido: ¿Qué sabe Dios? ¿Juzgará, acaso, a través de las tinieblas?


Nun. Con el rostro altanero, no le busca; 'Dios no existe', es cuanto se le antoja.


Alocados en la senda de sus yerros y afligidos por sus culpas,


Del director. En la enfermedad. Maskil. De David.


de envidia hacia los fatuos, al contemplar la paz de los impíos.


Tus acciones, Señor, ¡cuán grandes son, cuán hondos tus designios!


¿Hasta cuándo, inexpertos, amaréis la inexperiencia, vosotros, insolentes gozaréis con la insolencia, y los necios a la ciencia tendréis odio?


El principio de la ciencia es el temor de Yahveh. Los necios desprecian sabiduría y disciplina.


Deseo satisfecho es delicia del alma. Los necios detestan evitar el mal.


Aunque machaques al necio en el mortero con la maza de moler el grano, no se apartará de él su necedad.


Por cierto, no existe en la tierra hombre tan justo que haga el bien y nunca peque.


¡Ay, nación pecadora, pueblo cargado de culpa, ralea de malhechores, hijos corrompidos! Abandonaron a Yahveh, despreciaron al Santo de Israel, se volvieron atrás.


Renegaron de Yahveh y dijeron: 'Él no existe; no nos vendrá mal alguno, ni espada ni hambre veremos.


Todos ellos son perfectos rebeldes, que difunden calumnias; son cobre y hierro, todos ellos son unos corrompidos.


¡Raza de víboras! ¿Cómo podréis decir cosas buenas, siendo malos? Porque de lo que rebosa del corazón habla la boca.


Porque del corazón salen las malas intenciones, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las injurias.


Entonces le dijo Dios: '¡Insensato! Esta misma noche te van a reclamar tu alma; y todo lo que has preparado, ¿para quién va a ser?'.


estabais en aquel tiempo lejos de Cristo, privados de la ciudadanía de Israel y extraños a las alianzas de la promesa, sin tener esperanza, y sin Dios en el mundo.


Profesan conocer a Dios, pero con sus obras lo niegan: son seres abominables, rebeldes e incapaces de nada bueno.


Porque hubo un tiempo en que también nosotros éramos insensatos, desobedecíamos, nos extraviábamos, servíamos a deseos y placeres diversos, pasábamos nuestra vida entre malicia y envidia, odiados y odiándonos mutuamente.


Pero los cobardes, los incrédulos, los culpables de abominación, los homicidas, los fornicarios, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros, compartirán el lago que arde con fuego y azufre. Ésta es la segunda muerte'.


Que mi señor no preste atención a un hombre perverso como Nabal, porque él es lo que su nombre significa: se llama Nabal y es realmente un insensato. Pero yo, tu sierva, no vi a los jóvenes que tú, mi señor, enviaste.


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