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Miqueas 7:14 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

14 Pastorea a tu pueblo con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que mora apartado en un bosque, en medio de un vergel. ¡Que pazcan en Basán y Galaad, como en los días de antaño!

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

14 Apacienta tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad, que mora solo en la montaña, en campo fértil; busque pasto en Basán y Galaad, como en el tiempo pasado.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

14 Oh Señor, protege a tu pueblo con tu vara de pastor; guía a tu rebaño, tu posesión más preciada. Aunque viva solo en un matorral en lo alto del monte Carmelo, que se alimente en los fértiles pastos de Basán y Galaad como lo hacía en tiempos pasados.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

14 Apacienta con tu vara a tu pueblo, al pequeño rebaño que te pertenece y que todavía permanece extraviado en los matorrales, en una zona de excelentes pastizales. Concédele que pueda ir a pastar en Basán y en Galaad, como lo hacía antiguamente.

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La Biblia Textual 3a Edicion

14 Apacienta a tu pueblo con tu cayado, Al rebaño de tu posesión, que habita solitario, En medio del bosque del Carmelo. Apacentarán sus rebaños en Basán y en Galaad, Como en los tiempos antiguos.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

14 Apacienta a tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad, que mora solo en el bosque, en medio del Carmelo; Que pasten en Basán y Galaad, como en el tiempo pasado.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

14 »Dios nuestro, cuida de tu pueblo; cuida de este rebaño tuyo. Aunque vivimos en tierras fértiles parecemos ovejas perdidas en el bosque. Tú eres nuestro pastor, ven y ayúdanos como lo hiciste en otros tiempos. Aliméntanos con lo mejor que nos ofrecen las regiones de Basán y de Galaad.

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Miqueas 7:14
35 Referencias Cruzadas  

Sabed bien que él es Dios: él nos ha hecho y somos suyos, su nación y rebaño de sus pastos.


Yo recuerdo los días de antaño, medito en tus acciones y reflexiono sobre las obras de tus manos.


Libera tú a tu pueblo, bendice a tu heredad, apaciéntalos y guíalos por siempre.


Él es nuestro Dios y nosotros el pueblo de sus pastos, el rebaño conducido por su mano: ¡si escucharais hoy su voz!


pues, ¿en qué se conocerá que yo y tu pueblo gozamos de tu favor sino en que tú vienes con nosotros? En esto se nos distinguirá, a mí y a tu pueblo, de cuantos pueblos hay sobre la superficie de la tierra'.


¡Qué bella eres, amada mía, qué hermosa eres! Tus ojos son palomas, a través de tu velo. Tus cabellos, como un hato de cabras ondulando en el monte Galaad.


Sucederá aquel día: se tocará la trompeta gigante, y vendrán los perdidos en tierra de Asiria y los dispersos en tierra de Egipto, y adorarán a Yahveh en el monte santo, en Jerusalén.


Como el narciso ha de florecer; exultará, sí, exultará jubiloso. Le ha sido concedida la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria de Yahveh, el esplendor de nuestro Dios.


Por boca de tus mensajeros has escarnecido a mi Señor y has dicho: con la multitud de mis carros he subido a las cumbres de los montes, a las cimas del Líbano. He talado sus más altos cedros, sus más escogidos cipreses. Penetré en sus lugares más remotos, en sus más frondosos bosques.


Como un pastor apacienta su rebaño Él con su brazo recoge los corderos, en su regazo los lleva y conduce las madres.


No tendrán hambre ni sed, no los herirá el bochorno ni el sol, pues quien se apiada de ellos los guía, y a los manantiales de agua los conduce.


Será el Sarón pastizal de ovejas, y el valle de Acor dehesa de bueyes para mi pueblo que me busca.


Levantaos, subid contra una nación tranquila, que habita segura -oráculo de Yahveh- que no tiene ni puertas ni cerrojos, vive solitaria.


Zain. Jerusalén se acuerda, en sus días de aflicción y de extravío, de todos sus tesoros, que databan de tiempo inmemorial. Cuando cayó su pueblo en manos del opresor, sin que nadie la ayudara, sus opresores la vieron e hicieron burla de su ruina.


Conviértenos a ti, Yahveh, y nos convertiremos; renueva nuestros días como antaño,


Multiplicaré en vosotras hombres y animales: serán muchos y fecundos; haré que seáis habitadas como en los tiempos antiguos, os trataré mejor que en vuestros comienzos y sabréis que yo soy Yahveh.


Todo diezmo de ganado mayor o menor, a saber, la décima parte de todo lo que pasa bajo el cayado, será cosa consagrada a Yahveh.


Aquel día levantaré la cabaña caída de David: repararé sus brechas y reconstruiré sus ruinas; la restableceré como en los días de antaño,


Ocuparán el Negueb y la montaña de Esaú, la Sefela y Filistea; la tierra de Efraín, el territorio de Samaría, Benjamín y Galaad.


Él será la paz. Asur invadirá nuestro país, pisará nuestro suelo; pero levantaremos contra él siete pastores y ocho príncipes del pueblo,


El resto de Israel no cometerá ya iniquidad, ni dirá mentiras, ni tendrá en su boca una lengua mendaz. Se apacentarán y descansarán, sin que nadie los inquiete.


Los haré volver del país de Egipto, y desde Asiria los reuniré; los llevaré a la tierra de Galaad, y el Líbano no será bastante para ellos.


Entonces apacenté las ovejas de matanza destinadas a los tratantes. Tomé dos cayados; a uno lo llamé Gracia y al otro lo llamé Unión. Así apacenté las ovejas.


Entonces será grata a Yahveh la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días de antaño, como en los tiempos antiguos.


Desde la cima de las rocas lo veo; desde lo alto de las colinas lo contemplo. Es un pueblo que habita aparte, que no es contado entre las naciones.


Los hijos de Rubén y de Gad tenían inmensos rebaños. Viendo que el país de Yazer y el de Galaad eran regiones propicias para la cría de ganado,


el país que Yahveh ha conquistado ante la comunidad de Israel, es tierra de pasto para el ganado y tus servidores tienen ganado'.


Y tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor entre las grandes ciudades de Judá; porque de ti saldrá un jefe que gobernará a mi pueblo Israel'.


No son del mundo, como tampoco yo.


Israel habita en seguro, la fuente de Jacob mora aparte en un país de trigo y de vino, donde incluso el cielo destila rocío.


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