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Jueces 1:6 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

6 Adoni Bézec consiguió huir, pero lo persiguieron, se apoderaron de él y le amputaron los pulgares de manos y pies.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

6 Mas Adoni-bezec huyó; y le siguieron y le prendieron, y le cortaron los pulgares de las manos y de los pies.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

6 Adoni-bezec escapó, pero los israelitas pronto lo capturaron y le cortaron los pulgares de las manos y los dedos gordos de los pies.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

6 Adoni-Besec emprendió la fuga y lo persiguieron. Lo apresaron y le cortaron los pulgares de las manos y de los pies.

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La Biblia Textual 3a Edicion

6 Pero Adoni-bezec huyó, y persiguiéndolo lo prendieron, y le cortaron los pulgares de sus manos y de sus pies.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

6 Mas Adoni-bezec huyó; y le siguieron, y le prendieron, y le cortaron los pulgares de las manos y de los pies.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

6 Durante la lucha Adonisédec había escapado, pero lo persiguieron y capturaron, y le cortaron los pulgares de las manos y los dedos gordos de los pies.

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Jueces 1:6
12 Referencias Cruzadas  

Y esto en un mismo día, en todas las provincias del rey Asuero, el trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar. La copia de la carta es como sigue: El gran rey Asuero, a los sátrapas de las ciento veintisiete provincias comprendidas desde la India hasta Etiopía, y a cuantos sienten afecto por nuestras cosas, salud. Hay muchos hombres que, cuanto más singulares honores reciben de la extremada benevolencia de sus bienhechores, tanto más se ensoberbecen. Y no sólo buscan hacer daño a nuestros súbditos, sino que, incapaces de sobreponerse a su insolencia, intentan conspirar contra sus mismos bienhechores. Y no sólo hacen que desaparezca la gratitud de entre los hombres, sino que, engreídos por la presunción, como la de aquellos que no tienen sentimiento del bien, piensan que podrán escapar a la justicia de Dios, que todo lo ve y que aborrece el mal. Con frecuencia, incluso a muchos de los constituidos en autoridad, el consejo de amigos a quienes confiaron la administración de los negocios los hizo cómplices de sangre inocente y los envolvió en desgracias irreparables, por haber engañado estos amigos, con mentirosos y perversos razonamientos, la sincera nobleza de sentimientos de los soberanos. Así podemos comprobarlo, no sólo por las historias antiguas a las que hemos aludido, sino también con lo que sucede en el presente, viendo las impiedades que cometen esa peste de los que ejercen indignamente el poder. Por consiguiente, procuraremos mirar en lo sucesivo por la tranquilidad y la paz del reino en favor de todos los hombres, recurriendo a cambios oportunos y juzgando siempre con discreta benevolencia los asuntos que se nos presenten. Amán, hijo de Hamdatá, macedonio, extraño realmente a la sangre de los persas, y muy indigno de nuestra benignidad, después de haber sido acogido como huésped por nosotros, fue objeto de la benevolencia que tenemos para con todas las gentes, y en tanto grado que fue proclamado como padre nuestro, jefe reverenciado por todos con la postración, llegando a ser el segundo personaje del trono real. Pero cegado por su encumbramiento, trató de privarnos del poder y de la vida; y, además, con toda suerte de falacias e intrigas, pidió la muerte de nuestro salvador y constante bienhechor Mardoqueo, la de la irreprochable consorte de nuestra realeza, Ester, y la de todo su pueblo. Con estos manejos, después de privarnos de ellos, pretendía apoderarse de nosotros y transferir el imperio de los persas a los macedonios. Pero nosotros hemos averiguado que los judíos, entregados al exterminio por este tres veces criminal, no sólo no son malhechores, sino que se gobiernan por leyes justísimas; que son hijos del Altísimo, del gran Dios vivo, que dirige el reino en provecho nuestro y en el de nuestros padres en el más floreciente estado. Así que haréis muy bien no dando cumplimiento a las cartas enviadas por Amán, hijo de Hamdatá, por cuanto que su autor ha sido colgado de un madero con toda su familia a las puertas de Susa: merecido castigo que así, sin tardanza, le ha dado el Dios que domina todas las cosas. Fijad en público en todo lugar una copia de esta carta, y dejad que los judíos se rijan libremente por sus propias leyes; prestadles vuestro apoyo para que rechacen a los que se lanzaren contra ellos en el tiempo de la tribulación, que será el día trece del duodécimo mes de adar en ese mismo día. Porque el Dios que todo lo domina, ha hecho de él, en vez de día de exterminio de la raza elegida, un día de alegría para ellos. Por lo mismo, también vosotros, judíos, entre vuestras fiestas oficiales celebrad con toda clase de regocijos este día señalado, de suerte que ahora y en el futuro ese día sea salvación para nosotros y para quienes se muestran afectos a los persas; y sea a la vez recuerdo del exterminio de quienes conspiran contra nosotros. Toda ciudad o provincia entera que no actúe en conformidad con esto será devastada con todo rigor a lanza y fuego. Y no sólo quedará inhabitable para los hombres, sino que aun para las fieras y para las aves será detestable para siempre.


Él derrama desdén sobre los nobles y los confunde en caos, sin camino;


para atar con cadenas a sus reyes y con grillos de hierro a sus magnates:


mi Dios viene a mi encuentro con su gracia, él me dará a ver de mis opresores la derrota.


Dijo luego Yahveh a Moisés: 'Extiende tu mano sobre el mar, y que las aguas regresen sobre los egipcios, sobre sus carros y los guerreros de sus carros'.


ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,


Degollarás el carnero, tomarás su sangre y untarás con ella el lóbulo de la oreja derecha de Aarón y el lóbulo de la oreja derecha de sus hijos, el pulgar de su mano derecha y el dedo gordo del pie derecho. Luego esparcirás la sangre sobre el altar todo en derredor.


Por eso, así dice Yahveh: 'Vosotros no me habéis escuchado, al proclamar cada uno la manumisión de su hermano y de su prójimo. Pues mirad: yo voy a proclamar contra vosotros la manumisión -oráculo de Yahveh- para la espada, la peste y el hambre, convirtiéndoos en el terror de todos los reinos de la tierra.


dad alaridos frente a ella en derredor. Ella tiende su mano; sus habitantes se desploman, se derrumban sus murallas. Es la venganza de Yahveh; vengaos de ella. Como ella hizo, hacedle a ella.


Caleb anunció: 'A quien ataque Quiriat Séfer y se apodere de ella, le entregaré mi hija Acsá por mujer'.


En Bézec encontraron a Adoni Bézec, le atacaron y derrotaron a los cananeos y perizeos.


Exclamó entonces Adoni Bézec: 'Setenta reyes, a quienes se les amputaron los pulgares de manos y pies, recogían migajas bajo mi mesa. Dios me paga mi merecido'. Le llevaron a Jerusalén y allí murió.


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