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Ezequiel 40:2 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

2 Me llevó en visiones divinas al país de Israel y me situó sobre un monte muy alto, encima del cual había, por la parte del mediodía, una construcción a manera de ciudad.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

2 En visiones de Dios me llevó a la tierra de Israel, y me puso sobre un monte muy alto, sobre el cual había un edificio parecido a una gran ciudad, hacia la parte sur.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

2 En una visión que provenía de Dios, él me llevó a la tierra de Israel y me puso sobre una montaña muy alta. Desde allí pude ver hacia el sur lo que parecía ser una ciudad.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

2 Mediante visiones divinas, me condujo al país de Israel y me depositó en una montaña muy alta. En la ladera me pareció ver las construcciones de una ciudad.

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La Biblia Textual 3a Edicion

2 Él me llevó en visiones divinas a la tierra de Israel, y me puso sobre un monte muy alto, sobre el cual había como el armazón de una ciudad, hacia la parte del sur.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

2 En visiones de Dios me llevó a la tierra de Israel, y me puso sobre una montaña muy alta, sobre la cual había como la estructura de una ciudad en el sur.

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Ezequiel 40:2
23 Referencias Cruzadas  

y asimismo el diseño de todo lo que tenía proyectado respecto de los atrios del templo de Yahveh, y de todas las cámaras de alrededor para los tesoros del templo de Dios y los tesoros de las cosas sagradas;


Todo esto le había comunicado Yahveh a David en un escrito en el que se describía toda la obra del proyecto.


Grande es el Señor y digno de alabanzas en la ciudad de nuestro Dios, su monte santo.


Tú que decías en tu corazón: 'Subiré a los cielos, por encima de los astros de Dios elevaré mi trono; me sentaré en el Monte de la Asamblea, en el límite extremo del norte.


los que toman el nombre de la ciudad santa y se apoyan en el Dios de Israel, -Yahveh Sebaot es su nombre-:


El año treinta, el día cinco del cuarto mes, estando yo entre los deportados, junto al río Quebar, se abrieron los cielos y tuve visiones divinas.


porque en mi monte santo, en el monte excelso de Israel -oráculo del Señor Yahveh-, allí toda la casa de Israel, toda entera me servirá en el país; allí me complaceré en ellos y allí reclamaré vuestras ofertas, las primicias de vuestros dones y todas vuestras ofrendas sagradas.


Haré con ellos una sola nación en el país, en los montes de Israel, y un solo rey será el rey de todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán más a dividirse en dos reinos.


Después me llevó a la nave y midió las pilastras: la anchura de cada pilastra era de seis codos por cada lado.


Ésta es la ley del templo: en la cumbre del monte, todo el contorno de su territorio será santísimo. Tal es la ley del templo.'


Alargó una especie de mano y me asió por un mechón de los pelos de la cabeza; entonces el espíritu me elevó entre la tierra y el cielo y me llevó, en visiones divinas, a Jerusalén, a la entrada de la puerta interior que mira al norte, donde estaba el emplazamiento del ídolo del celo que provoca los celos.


En el año primero de Baltasar, rey de Babilonia, Daniel tuvo un sueño y visiones en su mente mientras estaba en el lecho. Después escribió el sueño. Comienzo del relato.


Seguí observando en la visión nocturna, y de pronto vi una cuarta bestia, terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte. Tenía enormes dientes de hierro, comía y trituraba y aplastaba las sobras con sus patas. Era muy distinta de todas las bestias anteriores y tenía diez cuernos.


Sucederá al final de los tiempos que el monte del templo de Yahveh estará asentado en la cumbre de los montes y se elevará sobre las colinas. Afluirán a él pueblos,


Durante la noche tuvo Pablo una visión: un macedonio, puesto en pie, le rogaba: 'Pasa a Macedonia y ayúdanos'.


Y sucederá en los últimos días -dice Dios- que derramaré mi espíritu sobre toda carne. Profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños.


Pero la Jerusalén de arriba es libre; y ésta es nuestra madre.


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