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Deuteronomio 9:26 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

26 Pero yo suplicaba a Yahveh, diciéndole: 'Señor Yahveh, no destruyas a tu pueblo, a tu heredad, que redimiste por tu grandeza y sacaste de Egipto con mano fuerte.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

26 Y oré a Jehová, diciendo: Oh Señor Jehová, no destruyas a tu pueblo y a tu heredad que has redimido con tu grandeza, que sacaste de Egipto con mano poderosa.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

26 Oré al Señor y dije: “Oh Señor Soberano, no los destruyas; son tu propio pueblo. Son tu posesión más preciada, los que redimiste de Egipto con tu gran poder y tu mano fuerte.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

26 Supliqué a Yavé y le dije: 'Ah, Señor Dios, no destruyas a ese pueblo que es tu propio pueblo, y que te ganaste con tu poderío, a los que sacaste de Egipto con mano firme.

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La Biblia Textual 3a Edicion

26 Y oré a YHVH, diciendo: ¡Oh Adonay YHVH!, no destruyas a tu pueblo y tu heredad que has rescatado con tu grandeza, y a quienes sacaste de Egipto con mano fuerte.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

26 Y oré a Jehová, diciendo: Oh Señor Jehová, no destruyas a tu pueblo y a tu heredad que has redimido con tu grandeza, que sacaste de Egipto con mano fuerte.

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Deuteronomio 9:26
36 Referencias Cruzadas  

Y por otra parte, ¿quién hay como tu pueblo, como Israel -nación única en la tierra-, al que Dios haya venido a rescatar para hacerlo su pueblo y darle renombre, para realizar en él portentos y maravillas arrojando a las gentes y sus dioses delante de tu pueblo que rescataste de Egipto para ti?


porque son tu pueblo y tu heredad, la que tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.


ya que tú los separaste como heredad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, conforme declaraste por medio de tu siervo Moisés, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, ¡oh Señor Yahveh!'.


Son tus siervos, son tu pueblo, al que has rescatado con tu gran poder y con tu fuerte mano.


Él quería aniquilarlos, de no ser por su elegido Moisés que se puso en la brecha, en su presencia, para apartar su ira destructora.


Que lo digan los redimidos del Señor, los que él libró del poder del enemigo


Libera tú a tu pueblo, bendice a tu heredad, apaciéntalos y guíalos por siempre.


Del director. 'No destruyas'. De David. Miktam. En la cueva, huyendo de Saúl.


Tú eres el hacedor de maravillas, el que diste a conocer tu fuerza entre las naciones,


recordando que Dios era su roca y el Altísimo, su liberador.


Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, y Samuel con los que invocan su nombre. Invocaban al Señor, y él les respondía:


Guiaste con tu gracia al pueblo que rescataste, con poder lo has conducido a tu santa morada.


Pues, si he obtenido tu favor, enséñame tu camino y así sabré que me he ganado tu favor; pero ten también en cuenta que esta nación es pueblo tuyo'.


Y dijo: 'Ahora, mi Señor, si gozo de tu favor, dígnese mi Señor caminar con nosotros. Ciertamente, éste es un pueblo de dura cerviz, pero tú perdonarás nuestras faltas, nuestros pecados, y harás de nosotros tu heredad'.


¡Exaltad, cielos, porque Yahveh lo ha hecho! ¡Aclamad, profundidades de la tierra! ¡Prorrumpid, montañas, en júbilo, el bosque con todos sus árboles, porque Yahveh redimió a Jacob y en Israel manifiesta su gloria!


Somos desde hace tiempo como aquellos a los que tú no gobiernas, sobre los que no se invoca tu nombre.


No nos desprecies por amor a tu nombre, no deshonres el trono de tu gloria. ¡Acuérdate! ¡No rompas tu alianza con nosotros!


Pero Yahveh me dijo: Ni aunque Moisés y Samuel estuvieran ante mí, se volvería mi alma hacia este pueblo. Échalos de mi presencia y que se vayan.


Res. Mira, Yahveh, y considera: ¿a quién has tratado así? ¿Tendrán que comer las mujeres el fruto de su vientre, los niños que llevan todavía en sus brazos? ¿Matarán en el santuario del Señor a los sacerdotes y a los profetas?


Yo te saqué de la tierra de Egipto, te rescaté de la casa de esclavitud y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María.


Caminaréis en pos de Yahveh, vuestro Dios, y a él temeréis; guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz; le serviréis y os allegaréis a él.


Recordarás que fuiste esclavo en tierra de Egipto y que Yahveh, tu Dios, te libertó; por eso hoy te doy yo este mandato.


Absuelve, Yahveh, a tu pueblo Israel, a quien rescataste, y no permitas que se derrame sangre inocente en medio de Israel, tu pueblo; que esta sangre sea para ellos sangre de expiación'.


la parte de Yahveh fue su pueblo, Jacob, la porción de su heredad.


sino porque Yahveh os amó y porque quiso guardar el juramento que hizo a vuestros padres; por eso os sacó Yahveh de Egipto con mano poderosa y os rescató de la casa de la esclavitud, de la mano del Faraón, rey de Egipto.


y Yahveh me dijo: 'Anda, baja a toda prisa de aquí, porque tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto, se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que yo les había prescrito y se han hecho una imagen de metal fundido'.


Acuérdate de tus siervos, de Abrahán, de Isaac y de Jacob; no tengas en cuenta la indocilidad de este pueblo, ni su perversidad ni su pecado;


Sin embargo, son tu pueblo, tu heredad, que sacaste fuera con tu gran poder y brazo tenso'.


el cual se entregó por nosotros, para rescatarnos de toda iniquidad y para purificarnos, haciendo de nosotros un pueblo que fuera su patrimonio, dedicado a buenas obras.


Entró en el 'lugar santísimo', de una vez por siempre, no por medio de sangre de machos cabríos ni de becerros, sino de la suya propia, consiguiendo la redención eterna.


Y cantan un cántico nuevo, diciendo: 'Digno eres de tomar el rollo y de abrir sus sellos, porque fuiste degollado, y rescataste para Dios con tu sangre a hombres de toda tribu y lengua y pueblo y nación.


Tomó entonces un cordero lechal, lo ofreció entero en holocausto a Yahveh, imploró a Yahveh por Israel y Yahveh lo escuchó.


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