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Deuteronomio 9:18 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

18 Luego me postré ante Yahveh y, como antes, no comí pan ni bebí agua durante cuarenta días y cuarenta noches, por todos los pecados que habíais cometido al hacer el mal a los ojos de Yahveh hasta provocar su irritación.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

18 Y me postré delante de Jehová como antes, cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua, a causa de todo vuestro pecado que habíais cometido haciendo el mal ante los ojos de Jehová para enojarlo.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

18 »Luego me postré hasta el suelo delante del Señor y estuve allí otros cuarenta días y cuarenta noches. No comí pan ni bebí agua, debido al pecado tan grande que ustedes habían cometido al hacer lo que el Señor odiaba, con lo cual provocaron su enojo.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

18 Luego me postré ante Yavé y, como la otra vez, estuve cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan ni beber agua, por el pecado que habían cometido; pues habían hecho lo que es malo a los ojos de Yavé hasta irritarlo.

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La Biblia Textual 3a Edicion

18 Luego caí postrado ante YHVH, como la vez primera, cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua, a causa del gran pecado que habíais cometido, haciendo lo que es malo a los ojos de YHVH para provocarlo a ira.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

18 Y me postré delante de Jehová, como antes, cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua, a causa de todo vuestro pecado que habíais cometido haciendo mal en ojos de Jehová para enojarlo.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

18-29 Después tomé el ídolo que habían hecho, lo quemé y eché las cenizas al arroyo que bajaba del monte. »El pecado de ustedes me causó mucho dolor y tristeza, pues hizo enojar a Dios. Por eso me arrodillé delante de él, y durante cuarenta días y cuarenta noches no comí ni bebí nada. Dios estaba tan enojado con ustedes y con Aarón, que estaba decidido a destruirlos. »Yo sentí tanto miedo que oré a Dios y le dije: “Dios mío, no destruyas al pueblo que sacaste de Egipto con tu gran poder. Es tu pueblo. Recuerda que Abraham, Isaac y Jacob siempre te fueron fieles y te obedecieron en todo. Olvídate de que este pueblo es terco; olvídate de su pecado y de su maldad. Si lo destruyes, los otros pueblos van a pensar que no pudiste llevarlo hasta la tierra que le prometiste. También van a pensar que tú no lo quieres, y que lo sacaste al desierto para destruirlo por completo. Esta gente es tu pueblo; es el pueblo que con tu gran poder sacaste de Egipto”. »Una vez más, Dios escuchó mi oración y los perdonó. Pero no fue esa la única ocasión en que ustedes lo hicieron enojar. También lo hicieron enojar en Taberá, en Masá y en Quibrot-hataavá. Además, cuando ustedes estaban en Cadés-barnea, Dios les ordenó que fueran a conquistar la tierra prometida, pero ustedes no creyeron en su promesa ni lo obedecieron. ¡Desde el día en que los conocí, ustedes han sido siempre tercos y desobedientes!»

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Deuteronomio 9:18
11 Referencias Cruzadas  

Rogó David a Dios por el niño, ayunaba con rigor y pasaba las noches acostado en el suelo.


Se levantó, comió y bebió. Y ya confortado con aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb.


Esdras abandonó el templo de Yahveh y se retiró al aposento de Juan, hijo de Eliasib. Mientras estuvo allí ni comió pan ni bebió agua sino que estuvo haciendo duelo por las prevaricaciones de los que habían vuelto de la cautividad.


Él quería aniquilarlos, de no ser por su elegido Moisés que se puso en la brecha, en su presencia, para apartar su ira destructora.


Moisés se quedó con Yahveh cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan ni bebió agua, y escribió en las tablas las palabras de la alianza, las diez palabras.


Y dijo: 'Ahora, mi Señor, si gozo de tu favor, dígnese mi Señor caminar con nosotros. Ciertamente, éste es un pueblo de dura cerviz, pero tú perdonarás nuestras faltas, nuestros pecados, y harás de nosotros tu heredad'.


Yo me estuve en la montaña, como la vez anterior, cuarenta días y cuarenta noches. También esta vez me escuchó Yahveh y renunció a exterminarte.


Tomé entonces las dos tablas, las arrojé con mis manos y las hice añicos ante vuestros propios ojos.


Me postré, pues, delante de Yahveh y permanecí así postrado aquellos cuarenta días y cuarenta noches, pues Yahveh hablaba de exterminaros.


Cuando subí a la montaña para recibir las tablas de piedra, las tablas de la alianza que Yahveh concluyó con vosotros, estuve cuarenta días y cuarenta noches en el monte sin comer pan ni beber agua.


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