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1 Reyes 11:1 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

1 El rey Salomón, además de la hija del Faraón, amó a muchas mujeres extranjeras: moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas,

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

1 Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas;

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Biblia Nueva Traducción Viviente

1 Ahora bien, el rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras. Además de la hija del faraón, se casó con mujeres de Moab, de Amón, de Edom, de Sidón y de los hititas.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

1 El rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras:

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La Biblia Textual 3a Edicion

1 Ahora bien, además de la hija de Faraón, el rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras: moabitas, amonitas, edomitas, sidonias y heteas;

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

1 Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las moabitas, amonitas, edomitas, sidonias y heteas;

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

1-8 Salomón tuvo setecientas esposas extranjeras, que eran princesas. Entre ellas estaba la hija del rey de Egipto, además de otras mujeres moabitas, amonitas, edomitas, hititas y sidonias. También tuvo trescientas mujeres, con las que vivió sin haberse casado. Dios le había dicho a los israelitas: «No se casen con mujeres extranjeras, porque ellas los harán adorar a sus dioses». Y así sucedió. Cuando Salomón llegó a viejo, sus mujeres lo apartaron de Dios y lo hicieron adorar a otros dioses. Salomón adoró a la diosa de los sidonios llamada Astarté, y construyó un lugar para adorar a dos ídolos repugnantes: Quemós, que era un dios de Moab, y Milcom, que era el dios de los amonitas. Lo construyó en la montaña que está al este de Jerusalén. También edificó lugares para que sus esposas ofrecieran animales a sus dioses y quemaran incienso. Salomón actuó mal delante de Dios y no lo obedeció; en realidad, nunca se comprometió a obedecerlo por completo, como lo había hecho David, su padre.

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1 Reyes 11:1
20 Referencias Cruzadas  

Y lo mismo hizo para complacer a todas sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.


Roboán, hijo de Salomón, reinó en Judá. Tenía Roboán cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad elegida por Yahveh entre todas las tribus de Israel para poner en ella su nombre. Su madre se llamaba Naamá, y era amonita.


Roboán descansó con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. Su madre se llamaba Naamá y era amonita. Reinó en su lugar su hijo Abías. El año dieciocho del rey Jeroboán, hijo de Nebat, comenzó Abías a reinar en Judá.


Como si fuera poco imitar los pecados de Jeroboán, hijo de Nebat, tomó por esposa a Jezabel, hija de Etbaal, rey de los sidonios, rindió culto a Baal y se postró ante él.


Salomón emparentó con el Faraón, rey de Egipto, tomando por esposa a la hija del Faraón. Y la trajo a la ciudad de David hasta que él terminara de construir su palacio, el templo de Yahveh y las murallas alrededor de Jerusalén.


Todos éstos habían tomado por esposas a mujeres extranjeras, pero despidieron tanto a las mujeres como a sus hijos.


Acabadas estas cosas, se acercaron a mí los jefes para decirme: 'Ni el pueblo de Israel, ni los sacerdotes, ni los levitas, se han mantenido apartados de los habitantes del país -cananeos, hititas, perizeos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos- que tienen costumbres abominables,


sino que han tomado sus hijas como mujeres para sí y para sus hijos, de modo que la raza santa se ha mezclado con la gente del país; y los jefes y magistrados han sido los primeros en esta prevaricación'.


No tomes sus hijas para mujeres de tus hijos, porque al prostituirse sus hijas ante sus propios dioses, pueden arrastrar a tus hijos a que se prostituyan a su vez ante los dioses de ellas.


Te librarás de la mujer ajena, de la extranjera que endulza sus palabras,


Fosa profunda es la boca de la extraña: el odiado por Yahveh caerá en ella.


Tus ojos verán cosas extrañas, tu corazón mascullará insensateces;


No des tu vigor a las mujeres, ni tus caminos a las que pierden a los reyes.


para preservarte de la mujer malvada, de la lengua seductora de la extraña.


para guardarte de la mujer extraña, de la extranjera de palabras seductoras.


No tomarás a la vez a una mujer y a su hermana, haciéndolas rivales y descubriendo su desnudez.


No ha de tener muchas mujeres, para que no se descarríe su corazón; ni amontonará plata y oro en exceso.


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