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Génesis 49:4 - Nueva Biblia Española (1975)

4 precipitado como agua, no serás de provecho, porque subiste a la cama de tu padre profanando mi lecho con tu acción.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

4 Impetuoso como las aguas, no serás el principal, Por cuanto subiste al lecho de tu padre; Entonces te envileciste, subiendo a mi estrado.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

4 Pero eres tan impetuoso como una inundación, y ya no serás más el primero. Pues te acostaste con mi esposa; deshonraste mi cama matrimonial.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

4 Eres como las aguas espumantes: no te encumbrarás, tú que subiste al lecho de tu padre y deshonraste mi cama.

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La Biblia Textual 3a Edicion

4 Incontrolable como las aguas, No serás el principal, Pues subiste al lecho de tu padre y lo profanaste: ¡Mi tálamo escaló!

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

4 hirviente como el agua: no tendrás la primacía, porque subiste al lecho de tu padre; profanaste mi tálamo.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

4 Inestable como las aguas, no serás el principal; por cuanto subiste al lecho de tu padre; entonces te envileciste, subiendo a mi estrado.

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Génesis 49:4
11 Referencias Cruzadas  

Mientras vivía Israel en aquella tierra, Rubén fue y se acostó con Bilha, concubina de su padre; Israel se enteró (y se disgustó mucho).


Nombres de los hijos de Israel que emigraron a Egipto: Rubén, primogénito de Jacob;


Hijos de Rubén, primogénito de Israel. (Efectivamente, era el primogénito; pero por haber mancillado el lecho paterno, la primogenitura pasó a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue registrado como primogénito.


Se oye hablar entre nosotros, como si nada, de un caso de inmoralidad, y una inmoralidad tan grande que no se da ni entre los paganos: uno que vive con su madrastra.


¡Maldito quien se acueste con la mujer de su padre! (por haber descubierto lo que es de su padre), y el pueblo a una responderá: ¡Amén!


¡Viva Rubén y no muera, y sean innumerables sus hombres!


Ni pretenderás la mujer de tu prójimo. Ni codiciarás su casa, ni sus tierras, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su burro, ni nada que sea de él'.


Se comen con los ojos a las mujerzuelas y no se hartan de pecar; seducen a la gente insegura, se saben todas las mañas de la codicia y están destinados a la maldición.


En todas sus cartas habla de esto; es verdad que hay en ellas pasajes difíciles, que esos ignorantes e inestables tergiversan, como hacen con las demás Escrituras, para su propia ruina.


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