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Isaías 14:4 - Biblia Reina Valera Gómez (2023)

4 que levantarás este proverbio sobre el rey de Babilonia, y dirás: ¡Cómo ha cesado el opresor, ha cesado la ciudad del oro!

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

4 pronunciarás este proverbio contra el rey de Babilonia, y dirás: ¡Cómo paró el opresor, cómo acabó la ciudad codiciosa de oro!

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Biblia Nueva Traducción Viviente

4 te mofarás del rey de Babilonia y dirás: «El hombre poderoso ha sido destruido. Sí, se acabó tu insolencia.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

4 te burlarás así del rey de Babilonia:

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La Biblia Textual 3a Edicion

4 Entonces pronunciarás mofa contra el rey de Babilonia, diciendo: ¡Cómo terminó el tirano! ¡Cómo acabó su prepotencia!

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

4 entonarás esta canción contra el rey de Babel y dirás: '¡Cómo ha acabado el opresor, ha acabado la violencia!'.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

4 Entonces nos burlaremos del rey de Babilonia y le cantaremos este poema: «¡Qué mal que te fue, tirano! ¡Mira en qué terminó tu orgullo!

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Isaías 14:4
35 Referencias Cruzadas  

Asimismo todos los utensilios de la casa de Dios, grandes y chicos, los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros del rey y de sus príncipes, todo lo llevó a Babilonia.


La carga acerca de Babilonia, que vio Isaías, hijo de Amoz.


Y Babilonia, la gloria de los reinos, la hermosura de la grandeza de los caldeos, será como cuando Dios destruyó a Sodoma y Gomorra.


que puso al mundo como un desierto, que asoló sus ciudades; que a sus presos nunca abrió la cárcel?


Quebró Jehová el bastón de los impíos, el cetro de los señores;


el que hería a los pueblos con ira, con llaga permanente, el que se enseñoreaba de las naciones con ira es perseguido, y no hay quién lo defienda.


Moren contigo mis desterrados, oh Moab; sé para ellos escondedero de la presencia del destructor; porque el atormentador fenecerá, el destructor tendrá fin, el opresor será consumido de sobre la tierra.


Visión dura me ha sido mostrada. El prevaricador prevarica, y el destructor destruye. Sube, oh Elam; sitia, oh Media. Todo su gemido hice cesar.


Siéntate en silencio, y entra en tinieblas, oh hija de los caldeos; porque nunca más te llamarán: La señora de reinos.


Y a los que te oprimen les haré comer sus propias carnes, y con su propia sangre serán embriagados como con vino dulce; y sabrá toda carne que yo Jehová soy tu Salvador, y tu Redentor, el Poderoso de Jacob.


Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del opresor, cuando se disponía para destruir. Pero ¿dónde está el furor del opresor?


Y lo pondré en la mano de tus angustiadores, que dijeron a tu alma: Póstrate para que pasemos. Y tú pusiste tu cuerpo como tierra, y como calle a los que pasaban.


En justicia serás establecida; estarás lejos de opresión, porque no temerás; y del terror, porque no se acercará a ti.


Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián.


Y los entregaré para ser llevados a todos los reinos de la tierra para su mal; para ser oprobio y refrán, para burla y maldición en todos los lugares adonde yo los arrojaré.


Compadeceos de él todos los que estáis a su alrededor; y todos los que sabéis su nombre, decid: ¡Cómo se quebró el poderoso cetro, la vara hermosa!


¡Cómo se ha oscurecido el oro! ¡Cómo el buen oro se ha demudado! Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles.


Y serás oprobio y escarnio y escarmiento y espanto a las naciones que están alrededor de ti, cuando yo ejecute en ti juicios en furor e indignación, y en reprensiones de ira. Yo Jehová he hablado.


Y todo lo que habitan los hijos de los hombres, bestias del campo y aves del cielo, Él los ha entregado en tu mano, y te ha dado dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro.


Porque la violencia del Líbano te cubrirá, y la rapiña de las fieras los atemorizará; a causa de la sangre de los hombres, y de la violencia de la tierra, de la ciudad, y de todos los que habitan en ella.


Y vi a la mujer embriagada de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé maravillado con gran asombro.


y diciendo: ¡Ay, ay, de aquella gran ciudad, que estaba vestida de lino fino y de púrpura y de escarlata, y adornada con oro y piedras preciosas y perlas!


Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos apóstoles y profetas; porque Dios os ha vengado en ella.


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