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Ezequiel 20:32 - Biblia Reina Valera Gómez (2023)

32 Y no ha de ser lo que habéis pensado. Porque vosotros decís: Seamos como las naciones, como las familias de las tierras, que sirven a la madera y a la piedra.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

32 Y no ha de ser lo que habéis pensado. Porque vosotros decís: Seamos como las naciones, como las demás familias de la tierra, que sirven al palo y a la piedra.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

32 »”Tú dices: ‘Queremos ser como las naciones que nos rodean, que sirven a ídolos de madera y de piedra’; pero eso que piensas nunca sucederá.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

32 Ustedes sueñan con ser como los paganos, vivir como se acostumbra en los países extranjeros en los que se adoran los palos y las piedras; pero eso no sucederá.

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La Biblia Textual 3a Edicion

32 Pero tampoco se realizarán los planes que estáis pensando, cuando decís: Seamos como otras naciones, como las demás familias de la tierra, que sirven al palo y a la piedra.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

32 ni se realizará jamás lo que os viene a la mente cuando pensáis: 'Seremos como las naciones, como las tribus de los otros países, que adoran el leño y la piedra'.'

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

32 ”Ustedes quieren ser como las demás naciones de la tierra, que adoran a ídolos hechos de palo y de piedra,

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Ezequiel 20:32
19 Referencias Cruzadas  

Tú conoces mi sentarme y mi levantarme, desde lejos entiendes mis pensamientos.


Jehová hace nulo el consejo de las naciones, y frustra las maquinaciones de los pueblos.


Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá.


y echaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los destruyeron.


Guarda tus pies de andar descalzos, y tu garganta de la sed. Mas dijiste: No hay esperanza, no; porque amo a los extraños y tras ellos he de ir.


sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y fuimos saciados de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno.


Y esto tendréis por señal, dice Jehová, de que os castigaré en este lugar, para que sepáis de cierto que mis palabras permanecerán para mal sobre vosotros.


¿Quién será aquel que diga, que vino algo que el Señor no mandó?


Y el Espíritu de Jehová descendió sobre mí, y me dijo: Di: Así dice Jehová: Así habéis hablado, oh casa de Israel, pues yo conozco las cosas que suben a vuestra mente, cada una de ellas.


Así dice Jehová el Señor: Y será en aquel día, que subirán palabras en tu corazón, y concebirás mal pensamiento;


Bebieron vino y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra.


Mi pueblo consulta a su ídolo de madera, y su vara le responde; porque el espíritu de prostitución los hizo errar, y se han prostituido dejando a su Dios.


Y no os conforméis a este mundo; mas transformaos por la renovación de vuestra mente, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.


Jehová te llevará a ti y a tu rey, al que hubieres puesto sobre ti, a una nación que ni tú ni tus padres habéis conocido; y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra.


Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo de ella; y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al leño y a la piedra.


Y habéis visto sus abominaciones y sus ídolos, madera y piedra, plata y oro, que tienen consigo.


Y serviréis allí a dioses hechos de manos de hombres, de madera y de piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.


Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, para que no adorasen a los demonios, y a las imágenes de oro, y plata, y bronce, y piedra, y de madera; las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar,


y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no van por tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.


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