Biblia Todo Logo
La Biblia Online
- Anuncios -





1 Juan 2:16 - Biblia Reina Valera 1909

16 Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.

Ver Capítulo Copiar


Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

Ver Capítulo Copiar

Biblia Nueva Traducción Viviente

16 Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo;

Ver Capítulo Copiar

Biblia Católica (Latinoamericana)

16 Pues toda la corriente del mundo -la codicia del hombre carnal, los ojos siempre ávidos, y la arrogancia de los ricos- nada viene del Padre, sino del mundo.

Ver Capítulo Copiar

La Biblia Textual 3a Edicion

16 Porque todo lo que hay en el mundo: la codicia de la carne,° la codicia de los ojos,° y la soberbia de la vida,° no viene del Padre, sino del mundo.

Ver Capítulo Copiar

Biblia Serafín de Ausejo 1975

16 porque todo lo que hay en el mundo -los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la jactancia de la opulencia- no proviene del Padre, sino que procede del mundo.

Ver Capítulo Copiar

Biblia Reina Valera Gómez (2023)

16 Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, sino del mundo.

Ver Capítulo Copiar




1 Juan 2:16
34 Referencias Cruzadas  

Y vió la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable á los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dió también á su marido, el cual comió así como ella.


Viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomáronse mujeres, escogiendo entre todas.


HICE pacto con mis ojos: ¿Cómo pues había yo de pensar en virgen?


Por tanto soberbia los corona: Cúbrense de vestido de violencia.


Pues tentaron á Dios en su corazón, Pidiendo comida á su gusto.


No habían quitado de sí su deseo, Aun estaba su vianda en su boca,


El sepulcro y la perdición nunca se hartan: Así los ojos del hombre nunca están satisfechos.


No codicies su hermosura en tu corazón, Ni ella te prenda con sus ojos:


Habló el rey, y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia, que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi grandeza?


Y llamó el nombre de aquel lugar Kibroth-hattaavah, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso.


Y el vulgo que había en medio tuvo un vivo deseo, y volvieron, y aun lloraron los hijos de Israel, y dijeron: ¡Quién nos diera á comer carne!


Otra vez le pasa el diablo á un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo, y su gloria,


Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.


Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra.


Mas vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis caso de la carne en sus deseos.


Empero estas cosas fueron en figura de nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.


Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne: y estas cosas se oponen la una á la otra, para que no hagáis lo que quisieres.


Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias.


Entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás.


Enseñándonos que, renunciando á la impiedad y á los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente,


Porque también éramos nosotros necios en otro tiempo, rebeldes, extraviados, sirviendo á concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles, aborreciendo los unos á los otros.


Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica.


Mas ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala.


Que vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un changote de oro de peso de cincuenta siclos; lo cual codicié, y tomé: y he aquí que está escondido debajo de tierra en el medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.


Como hijos obedientes, no conformándoos con los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;


Amados, yo os ruego como á extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,


Y principalmente á aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia é inmundicia, y desprecian la potestad; atrevidos, contumaces, que no temen decir mal de las potestades superiores:


Porque hablando arrogantes palabras de vanidad, ceban con las concupiscencias de la carne en disoluciones á los que verdaderamente habían huído de los que conversan en error;


Síguenos en:

Anuncios


Anuncios


¡Síguenos en WhatsApp! Síguenos