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Jeremías 20:18 - Biblia Palabra de Dios para Todos

18 ¿Por qué tuve que salir del vientre de mi madre? ¿Para ver todo este dolor y sufrimiento y para pasar lleno de vergüenza el resto de mi vida?

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

18 ¿Para qué salí del vientre? ¿Para ver trabajo y dolor, y que mis días se gastasen en afrenta?

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Biblia Nueva Traducción Viviente

18 ¿Por qué habré nacido? Mi vida entera se ha llenado de dificultades, de dolor y de vergüenza.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

18 ¿Para qué, pues, salí de sus entrañas? ¿Para vivir angustia y tormento y acabar mis días en la humillación?

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La Biblia Textual 3a Edicion

18 ¿Para qué salí del vientre para ver aflicción y dolor, Y acabar mis días en vergüenza?

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

18 ¿Por qué salí del seno, para ver dolor y pena y para que mis días se vayan consumiendo en la vergüenza?

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

18 ¿Para qué salí del vientre? ¿Para ver trabajo y dolor, y que mis días se gastasen en vergüenza?

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Jeremías 20:18
27 Referencias Cruzadas  

Entonces Elías caminó todo el día por el desierto, se sentó debajo de un arbusto y con ganas de morirse, dijo: «¡Ya basta, SEÑOR! ¡Déjame morir, que no soy mejor que mis antepasados!»


»La vida de un ser humano es muy corta y llena de amarguras.


»Cuánto diera porque tú me ocultaras en el lugar de los muertos; que me escondieras ahí mientras te pasa el enojo; que fijaras una fecha para después acordarte de mí.


»¿Por qué ve la luz el desdichado y se le da vida a quienes llevan una amarga existencia?


sino que los seres humanos nacen para crearse problemas, así como el fuego echa chispas.


Es que mi vida ha pasado como el humo; no soy más que unos huesos quemándose en un horno.


Tú conoces mi dolor, mi vergüenza y deshonor; tienes presente quiénes son mis enemigos.


Están padeciendo de pies a cabeza, llenos de golpes, moretones y heridas abiertas que no han sido curadas ni vendadas, ni aliviadas con aceite.


Escúchenme ustedes, los que conocen la verdad, pueblo que tiene presente mi enseñanza. No tengan miedo de las maldades que dice la gente. No se molesten con sus insultos.


¡Pobre de mí, madre mía, porque me trajiste al mundo para discutir y litigar con toda la nación! Nunca he prestado ni he tomado en préstamo; sin embargo, todos me maldicen.


¿Por qué no acaba mi dolor? ¿Por qué es tan grave e incurable mi herida que se niega a sanar? ¿Serás como un espejismo para mí, como una fuente en la que no se encuentra agua?


Que nuestra vergüenza nos haga humillarnos cubiertos por nuestra desgracia por haber pecado contra el SEÑOR nuestro Dios, nosotros y nuestros antepasados, desde nuestra juventud hasta el día de hoy no hemos obedecido la voz del SEÑOR nuestro Dios».


Me invade la tristeza, me duele el corazón.


A todo los que pasan por el camino ella les grita: «¡Fíjense, mírenme! ¿Existe un dolor como el mío? ¿Hay sufrimiento como el que me mandó el SEÑOR cuando se enojó conmigo?»


Soy un hombre que ha visto el sufrimiento cuando Dios castiga lleno de ira.


¿Por qué me haces ver tanta maldad y perversión? ¿Por qué tengo que presenciar tanto saqueo y violencia? Hay pleitos y en los juicios la gente pelea entre sí.


Les digo la verdad: ustedes llorarán y se lamentarán, pero el mundo estará contento. Se pondrán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría.


Los apóstoles se fueron de la reunión del Consejo, contentos de tener el honor de sufrir por causa del nombre de Jesús.


Por eso ahora estoy sufriendo a causa de esa buena noticia, pero no me avergüenzo. Sé muy bien en quién he confiado y estoy seguro de que él puede guardar hasta ese día todo lo que ha puesto en mis manos.


Tengan paciencia y hagan la voluntad de Dios para que reciban lo prometido.


Por la fe, unos sufrieron burlas y golpes. Otros fueron atados y llevados a la cárcel.


Fijemos nuestra mirada en Jesús, en quien la fe empieza y termina. En vez del gozo que podía haber tenido, sufrió la muerte en la cruz y aceptó la humillación como si no fuera nada. Después se sentó a la derecha del trono de Dios.


Vayamos al encuentro de Jesús fuera del campamento y aceptemos la misma humillación que Jesús soportó.


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