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Juan 11:2 - Biblia Pablo Besson (Nuevo Testamento)

2 Era María la que ungió al Señor con perfume, y enjugó sus pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

2 (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.)

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Biblia Nueva Traducción Viviente

2 María era la misma mujer que tiempo después derramó el perfume costoso sobre los pies del Señor y los secó con su cabello. Su hermano, Lázaro, estaba enfermo.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

2 Esta María era la misma que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el enfermo.

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La Biblia Textual 3a Edicion

2 (Y Miriam, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era aquella que había ungido al Señor con perfume, y enjugado los pies con sus cabellos.)°

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

2 María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con sus cabellos. Lázaro, el que había caído enfermo, era su hermano.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

2 (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que ungió al Señor con ungüento, y enjugó sus pies con sus cabellos.)

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Juan 11:2
11 Referencias Cruzadas  

Y estando Jesús en Betania, en la casa de Simón, el leproso, y poniéndose a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de gran precio, y rompiendo el vaso, derramó sobre la cabeza de él.


Viéndola el Señor fué movido a misericordia para con ella y le dijo: No llores.


Juan los envió a Jesús, diciendo: ¿Eres tú, el que viene o esperamos a otro?


Marta, pues, dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto.


Enviaron, pues, las hermanas a decirle: Señor, he aquí, el que amas está enfermo.


María, pues, cuando llegó a donde estaba Jesús, viéndole cayó a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.


María, pues, tomando una libra de perfume de nardo puro de mucho precio, ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos, y la casa fué llenada del olor del perfume.


Me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque lo soy.


Si pues yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.


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