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Juan 13:10 - Biblia Arcas-Fernandez (Nuevo Testamento)

10 Pero Jesús le replicó: - El que se ha bañado y está completamente limpio, sólo necesita lavarse los pies. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

10 Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

10 Jesús respondió: —Una persona que se ha bañado bien no necesita lavarse más que los pies para estar completamente limpia. Y ustedes, discípulos, están limpios, aunque no todos.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

10 Jesús le dijo: 'El que se ha bañado está completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos.

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La Biblia Textual 3a Edicion

10 Jesús le dice: El que ha sido bañado° no tiene necesidad de lavarse sino los pies, pues está todo limpio; y vosotros estáis limpios, aunque no todos.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

10 Dícele Jesús: 'El que ya se ha bañado no necesita lavarse [más que los pies], porque está limpio todo él. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos'.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

10 Le dijo Jesús: El que ha sido lavado, no necesita sino que lave sus pies, porque está todo limpio; y vosotros sois limpios, aunque no todos.

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Juan 13:10
23 Referencias Cruzadas  

Perdónanos el mal que hacemos, como también nosotros perdonamos a quienes nos hacen mal.


No me refiero ahora a todos vosotros; yo sé muy bien a quiénes he elegido. Pero debe cumplirse la Escritura: El que come a mi mesa, se ha vuelto contra mí.


Pedro entonces le dijo: - Señor, no sólo los pies; lávame también las manos y la cabeza.


El Padre poda todos mis sarmientos improductivos y limpia los sarmientos que dan fruto para que produzcan todavía más.


El cristiano es un hombre nuevo; lo viejo ha pasado, y una nueva realidad está presente.


Cristo fue del todo inocente; más, por nosotros, Dios le trató como al propio pecado, para que por medio de él experimentemos nosotros la fuerza salvadora de Dios.


Tales son, queridos hermanos, las promesas que tenemos. Purifiquémonos, pues, de todo cuanto contamine el cuerpo o el espíritu y llevemos hasta el fin nuestra consagración viviendo en el temor de Dios.


Que el Dios de la paz os haga llevar una vida de consagración más auténtica cada día, de modo que todo vuestro ser - espíritu, alma y cuerpo - permanezca sin tacha para el día en que se manifieste nuestro Señor Jesucristo.


Eran simplemente alimentos, bebidas o ritos purificatorios diversos, observancias todas ellas exteriores y válidas únicamente hasta que Dios instaurase el nuevo orden de cosas.


Todos, por lo demás, pecamos con frecuencia. Ahora bien, el hombre que no se desliza en el hablar, es hombre cabal, capaz de mantener a raya todo su cuerpo.


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