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Malaquías 3:6 - Biblia Nueva Versión Internacional 2017

6 »Yo, el Señor, no cambio. Por eso vosotros, descendientes de Jacob, no habéis sido exterminados.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

6 Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

6 «Yo soy el Señor y no cambio. Por eso ustedes, descendientes de Jacob, aún no han sido destruidos.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

6 Porque yo, Yavé, en nada he cambiado; igual que ustedes, hijos de Jacob que todavía no terminan...

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La Biblia Textual 3a Edicion

6 Porque Yo, YHVH, no cambio. Por eso vosotros, oh hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

6 Yo, Yahveh, no he cambiado; pero vosotros, hijos de Jacob, no cesáis de cambiar.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

6 Porque yo soy Jehová, yo no cambio; por eso vosotros, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.

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Malaquías 3:6
36 Referencias Cruzadas  

En aquel día el Señor hizo un pacto con Abram. Le dijo: ―A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río, el Éufrates.


Además, le dijo: ―Yo soy el Señor, que te hice salir de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra.


y le dijo: ―Como has hecho esto, y no me has negado a tu único hijo, juro por mí mismo —afirma el Señor—


Ellos perecerán, pero tú permaneces. Todos ellos se desgastarán como un vestido. Y como ropa los cambiarás, y los dejarás de lado.


Pero tú eres siempre el mismo, y tus años no tienen fin.


Los hijos de tus siervos se establecerán, y sus descendientes habitarán en tu presencia».


Pero el amor del Señor es eterno y siempre está con los que le temen; su justicia está con los hijos de sus hijos,


Sin embargo, él tuvo compasión de ellos; les perdonó su maldad y no los destruyó. Una y otra vez contuvo su enojo, y no se dejó llevar del todo por la ira.


Fueron desleales y traidores, como sus padres; ¡tan falsos como un arco defectuoso!


Porque yo soy el Señor, tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: “No temas, yo te ayudaré”.


»Así dice el Señor, el Señor Todopoderoso, rey y redentor de Israel: “Yo soy el primero y el último; fuera de mí no hay otro dios.


Aun en la vejez, cuando ya peinéis canas, yo seré el mismo, yo os sostendré. Yo os hice, y cuidaré de vosotros; os sostendré y os libraré.


«Yo soy el Señor, Dios de toda la humanidad. ¿Hay algo imposible para mí?


»He decretado que en todo lugar de mi reino la gente adore y honre al Dios de Daniel. »Porque él es el Dios vivo, y permanece para siempre. Su reino jamás será destruido, y su dominio jamás tendrá fin.


Pero no daré rienda suelta a mi ira, ni volveré a destruir a Efraín. Porque en medio de ti no está un hombre, sino que estoy yo, el Dios santo, y no atacaré la ciudad».


¡Tú, Señor, existes desde la eternidad! ¡Tú, mi santo Dios, eres inmortal! Tú, Señor, los has puesto para hacer justicia; tú, mi Roca, los has puesto para ejecutar tu castigo.


Dios no es un simple mortal para mentir y cambiar de parecer. ¿Acaso no cumple lo que promete ni lleva a cabo lo que dice?


Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida!


Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en vosotros la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.


Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.


Lo hizo así para que, mediante la promesa y el juramento, que son dos realidades inmutables en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un estímulo poderoso los que, buscando refugio, nos aferramos a la esperanza que está delante de nosotros.


Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras.


«Yo soy el Alfa y la Omega —dice el Señor Dios—, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso».


Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin.


En verdad, el que es la Gloria de Israel no miente ni cambia de parecer, pues no es hombre para que se arrepienta.


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