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Salmos 141:6 - Biblia Nueva Traducción Viviente

6 Cuando a sus líderes los arrojen por un acantilado, los perversos escucharán mis palabras y descubrirán que son verdad.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

6 Serán despeñados sus jueces, Y oirán mis palabras, que son verdaderas.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

6 Sus jefes fueron echados desde el peñón, comprendieron entonces que hablaba con bondad;'

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La Biblia Textual 3a Edicion

6 Sean lanzados sus jueces contra los costados de la peña, Y oigan mis dichos, que son agradables.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

6 yo sigo en mi oración contra sus maldades. Despeñan a sus jueces de la roca y escuchan con burla mis palabras.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

6 Sus jueces serán derribados en lugares peñascosos, y oirán mis palabras, que son dulces.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

6 Cuando los gobernantes malvados acaben en la ruina, se acordarán de mis palabras y sabrán que les hablé con dulzura.

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Salmos 141:6
12 Referencias Cruzadas  

Estas son las últimas palabras de David: «David, hijo de Isaí; David, el hombre que fue elevado tan alto; David, el hombre ungido por el Dios de Jacob; David, el dulce salmista de Israel, declara:


Todos estos hombres llegaron a Hebrón en orden de batalla, con el único propósito de hacer rey a David sobre todo Israel. En realidad, todos en Israel estaban de acuerdo en que David debía ser su rey.


Luego se dirigió a toda la asamblea de Israel con las siguientes palabras: «Si ustedes lo aprueban y si es la voluntad del Señor nuestro Dios, enviemos un mensaje a todos los israelitas por toda esta tierra, incluidos los sacerdotes y los levitas en sus ciudades y pastizales, a que se unan a nosotros.


Capturaron a otros diez mil, los llevaron hasta el borde de un precipicio y desde allí los despeñaron. Al caer sobre las rocas abajo, se hicieron pedazos.


Eres el más apuesto de todos; de tus labios se desprenden palabras amables. Dios mismo te ha bendecido para siempre.


Todos hablaban bien de él y estaban asombrados de la gracia con la que salían las palabras de su boca. «¿Cómo puede ser? —preguntaban—. ¿No es este el hijo de José?».


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